22.12.05

Noche


Su sonrisa lo deslumbró y entre rumba y rumba supo que esa diosa mexicana se le había metido en el corazón. Una noche, bajo las luces de la ciudad colonial, el muchacho de Caracas algo le dijo al oído. Una promesa, tal vez un poema, una canción quizás. Eso nadie lo sabe. Sólo la noche cartagenera.

Betty, la Palenquera























Un día salió de San Basilio de los Palenques y llegó a la ciudad, a Cartagena. Era su primer día de clases. Esa tarde regresó a su rincón africano con los ojos hinchados de tanto llorar porque sus compañeros le decían negra inútil. Y así la hitoria se repitió en varios ámbitos, como en aquella casa donde trabajó soportando a esa ama de casa que la correteaba con una escoba cuando hacía mal las cosas. Negra inmunda, le decía. Sólo le faltó el látigo. O dejarla que se secara al sol amarrada a un palo como solían hacerlo con sus antepasados en la época de la colonia. Betty tiene 24 años y un hijo de dos a quien llamó Keyner, un nombre que inventó juntando letras, buscando sonidos. Hace poco le enseñaron a las negritas de Palenque a hacer masajes y resultó que salieron todas en masa a las costas de Cartagena a vender su talento relajante de manos grandes y fuertes. Pero Betty, como no acosaba a sus clientes como el resto de sus coterráneas, se fue quedando con poca pega y escaso dinero para llevar a su casa que comparte con su madre ya vieja y sus hermanos pequeños. Su padre emigró a Venezuela. Nada sabe de él. El padre de su hijo quien sabe por donde anda. Se fue el mismo día que ella le contó que esperaban un hijo. Claro que lloró, lloró como condenada. Pero ya fue. Ya no cree en los hombres. Ni siquiera en esos españoles que tanto desean esos labios gruesos y le prometen llevarsela de esa tierra pobre a conocer el mundo de las luces. Un día la encontré en La Boquilla, con la mirada perdida en el mar. Angustiada. Recordó que alguna vez se enterró un cuchillo en la muñeca, pero que no alcanzó a morir porque su hermanastro la recogió y curó sus heridas. Sus motivos para entrar por esa puerta eran muchos, pero el más importante era que quería terminar el colegio y todo indicaba que ya no iría más. Mucho menos a la universidad. Por pobre, por negra. La vi caminar sobre la arena descalza, con un balde en la mano, crema en la otra, intentando vender sus dones de masajista, regalando muestras para ver si alguien se tentaba. La vi sentarse bajo un toldo con la cara cansada y los bolsillos vacíos. La vi llorar una vez más. De rabia e impotencia. Sospeché que quería salir huyendo a un lugar más digno. Quien sabe donde. Entonces, de pronto ´se levantó y siguió caminando, buscando cuerpos cansados. Juntó unos pesos y fuimos a comprar leche para su querido Keyner. Y una compota. Y un dulce. Y una sonrisa. Nos separamos en la Calle de las Carretas, en el centro histórico, por donde alguna vez pasaron sus ancestros caminando detrás de sus amos con las sombrillas sobre sus cabezas protegiéndoles de ese sol que para ellos era tan cotidiano. Apretó mi mano muy fuerte y me dijo que no me olvidaría. Yo tampoco, le respondí. La vi perderse por esas callejuelas, entre la muchedumbre, caminando como una pantera.

10.12.05

Cartagena dia uno


Llegué ayer a las cuatro de la tarde al aeropuerto de Cartagena de Indias luego de viajar una hora desde Bogotá en un avión pequeñito. Qué se yo que modelo era. Al fin me tocó el asiento al lado de la ventana. Impresionante. Desde arriba pude ver que Bogotá no es menos abigarrada que Santiago. Luego se me perdió esa ciudad tan cálida y sólo pude ver motas de algodón al lado mío. Mi compañero de asiento era un cartagenero que tenía una empresa multinacional de seguridad. Se llamaba Francisco. Extraño conversar con un empresario que se siente de izquierda y que sabe más de política nacional que nadie. Muy culto y amable. Hasta ese momento fue el único colombiano que no me preguntó mi estado civil. El tipo viajaba a Cartagena a la investidura del alcalde de la ciudad que se celebraría en la plaza de la aduana. Su hermano iba a ser parte de este gobierno local y él no podía faltar, aunque no le agradaba mucho la idea de estar festejando a alguien que hace siete años ya había sido alcalde y salió del municipio directo a la cárcel. ¡Que ignorante es la gente como para reelegir a un ladrón¡ me decía furioso. Aquí en Colombia todo puede pasar, insistió a modo de consuelo. Pese a ser un cartagenero más (nacido y criado en esta ciudad colonial) las costumbres de su tierra natal no le agradaban mucho. Me ha dicho que acá la gente vive como si estuviera en la colonia. Todo antes de llegar. Y sí, se puede decir que la modernidad no es un tema. Pero eso hace a esta ciudad más acogedora. La gente habla perfecto castellano. Si tienen que atenderte, lo hacen de manera afanosa: ala orden, dicen como si estuvieran dedicando su vida en ese minuto. Escribo desde un hotel que me recomendó el capitán del avión que me trajo hasta acá. Lo conocí mientras me comía una paella colombiana en el aeropuerto El Dorado. La garzona me preguntó si no tenía problema en compartir mi mesa con el capitán y le contesté que no. El patio de comidas no contaba con muchas mesas así es que ahí se mezclaba de todo. Lo que no sabía era que ese sujeto pilotaría la máquina a la que yo me subiría una hora más tarde con el miedo que me provocan. Lo lamentable fue que durante nuestra conversación me ha contado historias terribles de secuestros de aviones. Todas ocurridas durante los últimos meses. Esto me produjo terror por un lado, pero muchas ganas de conversar con algunos de esos dementes. En especial uno que burló la seguridad portando dos granadas en su silla de ruedas y amenazó a la tripulación con hacer explotar el avión si no le daban una pensión justa. Está preso en un pueblo cercano a Bogotá. Porque claro, el hombre era un cándido que jamás supo cómo se secuestraba un avión, al menos exitosamente.
Bajé de esa nave con mi amigo el empresario y sentí que me ahogaba con ese aire espeso como vapor de sauna. Y ahora está fresco, me dijo. Nos separamos y tomé un taxi cuyo conductor tenía tantos años que apenas me escuchaba. Le tuve que explicar mil veces donde iba. Después de darme mil vueltas pude llegar. Como venía recomendada por el capitán el descuento que me han hecho en el hotel fue suculento. 50%. Regatear es fácil. La plata no es algo muy relevante por aquí. Y mis morlacos no son muchos para diez días de estadía. El local no es un lujo, pero es acogedor. Tiene cabañas con techo de totora o ramas gruesas. Es como estar en la selva. Con mosquitos incluidos. Son las nueve y media y he dormido desde las seis de la tarde de ayer viernes. Tenía tantos planes para realizar, pero este clima me dejó tumbada en mi cabaña. Me quedé dormida escuchando el crujido del vetusto aire acondicionado que cuelga de una pared que casi se cae a pedazos. ¿Dónde vine a parar?
Pero esta mañana me puse a recorrer el lugar y el panorama cambió. Lo primero que vi llegando al restaurante donde me sirvieron huevos revueltos con tomate y cebolla, arepas fritas y limonada frappé, fue el mar caribe. Inmenso. Caliente. Rodeado por palmeras y sillas donde reposar. Un sueño. No me movería en meses de aquí. Luis Hernández es mi anfitrión. El y sus compañeros de trabajo tienen la piel negra. Y se ríen de cualquier cosa. Coquetos y coquetas.
Ahora voy a ir a buscar un pueblo de por aquí que se llama Palenque donde según me dijeron, la población todavía habla africano.

24.11.05

nubes, sol, cárcel.


Una lluvia de primavera no le viene mal a nadie. Después se puede ver este cielo, sobre el museo. Hace unos días estuve en la Peni. Una mierda. Me pregunto qué clase de cielo alcanzan a mirar los presos y sus mujeres. Un pedacito más que sea. Que les calme esa locura demencial que los envuelve.

19.11.05

Luis Alberto Spinetta "Somos pequeños poetas de pacotilla"

Por los parlantes de la escuela, un niño escucha a Chopin y queda impactado. Cada domingo canta en la iglesia y sueña con melodías. Más tarde alguien le regala una guitarra y él se sumerge a componer y experimentar. A los 19 años debuta junto a la banda "Almendra". Tiene 19 años y su apellido, Spinetta comienza a hacer historia en el rock. De esa época es su clásico "Muchacha Ojos de papel", elegida la mejor canción de la historia del rock argentino por la revista Rolling Stone. Aunque sus seguidores se la piden a gritos, él no la canta. "Ya no me gusta", dice. "Fue una canción para la primera mujer de la que me enamoré. Ya pasó. Es otro tiempo".
Ahora tiene 55 años y habla con voz de niño. A comienzos de septiembre ofreció tres conciertos en Chile. Desde hace tiempo sólo hablaba con la prensa por chat o correo electrónico. Sin embargo, recibió a The Clinic en una sala de conferencias tan elegantemente lúgubre que a Spinetta le dio miedo. "No me dejen solo", dijo y se sentó en una silla que parecía trono. Habló sin parar.

¿Alguna vez dijiste que querías ser invisible? ¿Sigues queriendo eso?
No. Ahora quiero ser bien visible en términos de poderme reconocer. El invisible está en un mundo demasiado solitario. Si en algún momento dije eso quizás me refería a un anhelo. ¿Viste que en los libros de Castaneda hablan del arte de ensoñar? En el mundo de los sueños, lo que a nosotros nos resultaría invisible es visible.

Por Alejandra Delgado

Carlos Castaneda proponía también olvidar la historia personal...
Yo creo que se refería a recordar el pasado con una intensidad tan férrea que te exija seguir permaneciendo. Al soñar puedes soñar toda tu vida y te puedes trasladar en el tiempo y en el espacio. Hoy yo quiero algo más sencillo. Jajaja. No sé, unas machas a la parmesana, un Santa Ema, ¿viste? Una linda charla, un disco de Bill Evans.

Has criticado a las bandas argentinas actuales, dices que les falta pasión, lírica...
A todo lo latinoamericano le está faltando eso cuando fue su punto más alto en algún momento. Pareciera que los locos no pueden escribir o ser comprometidos con la poesía. Al revés, están comprometidos con vender. Firman un contrato y saben que si se hacen poesía no venden. Entonces, listo. Eso señala dos tendencias universales: una creativa y otra comercial. Ambas pueden coincidir, obvio.

En tu caso coinciden.
Bueno, yo me mantengo haciendo lo que quise todo este tiempo... No es que haya combinado lo mejor de ambos mundos.

¿Cómo es la poesía Spinetta?
No hay una poesía con mi nombre. No existe, ni va a existir. Sí creo que uno escribe lo que siente y que, a veces, lo mezcla con cosas que ha soñado a través del tiempo.

Tus canciones están plagadas de metáforas y de estados anímicos...
Si, hay ideas pero no creo que por eso tenga un sello. Creo que somos pequeños poetas de pacotilla. Somos proyectos de poetas, porque toda nuestra vida va a ser una poesía. Ahora estamos en la mitad de la vida. Hasta que no la termine, no soy poeta.

¿Qué sonido te deslumbra?
Las risas en general son muy buenas. Las risas de los niños, especialmente la de los más chicos, son curativas. Vos decís: "mirá como se ríe este" y aunque no te podés reír porque estás jodido por algo, te parecen un sauna. Las guitarras eléctricas tienen un lindo sonido. El seseo de una libélula es bello. Tantas cosas suenan bien.

Algún recuerdo que suene bien…
Un día que estaba tocando la guitarra y mi hijo Dante tenía como un año. Y en esa especie de ensalada rusa que se produce con los críos y la guitarra y la mamá que los requiere, el loco viene y me tapa la guitarra. Yo quería entregarle un sonido y él me la tapaba y me miraba para ver cuál era mi reacción Jajaja... No me voy a olvidar nunca. Entonces yo lo agarré a Dante y le dije: "bueno, vos pegále a la guitarra, vení, pegále". Entonces empezó a acariciar la guitarra y en un momento dado salieron sonidos. Yo le dije una de esas cosas que dicen los padres: ¿cuando seas grande me imagino que también vas a tocar la guitarra? Y él me dijo: "Sí. Yo me acuerdo cuando estaba adentro de la panza de mamá y hacía frío y estaba muy oscuro". Cuando la mamá estaba embarazada yo le ponía la guitarra en la panza y le hacía acordes, entonces, el flaco ese día reunió todo en una imagen. Fue muy bello.

¿Qué libro te ha conmovido?
¡Muchos! Últimamente leí un libro muy hermoso de Jorge Luis Borges que se llama "Arte Poética". Es una charla en una universidad en la que traza una visión de cómo se podría configurar la poesía. Habla de las metáforas y de cómo, por ejemplo, para que Neruda diga: "Boina Gris", tuvieron que pasar dos o tres siglos ¿viste?. Porque, inicialmente, "boina" no fue eso. Seguramente es una metáfora de la metáfora de la metáfora. Igual que el color gris. Neruda tiene la capacidad de inventar nuevas metáforas que quedan para los otros poetas. Hay que entender, como dice Borges, que la metáfora inicial nace de un relato. Es todo lo contrario a lo que uno imagina: el relato es lo que se ve, es como el video de lo que pasó. Y cuando un poeta dice "el mar oscuro" o "un mar de sangre", está hablando de la poesía de los relatos. "Boina Gris". ¡Qué lejos que está esa metáfora! ¡Fijáte todo el viaje que pegó!, todas las vueltas para poder designar algo tan soberano como lo que Neruda ve en esa boina, esa belleza a la vez tan humilde como una boina y el color de nadie, el color de todos que es el gris. ¡Maravilloso! En ese libro, Borges, aunque no te enseñe a escribir porque eso va a tener que nacer de tu propia alma, por lo menos te enseña a ver de qué modo podría ser. Habla del convencimiento, de que algo no solamente tiene que estar bien escrito, sino que el autor te tiene que convencer. Como Cervantes, que te atrapa y vos querés seguir leyendo y no decís: "parece que éste es un hijo de puta".

En una conferencia sobre la historia del sonido dijiste que la organización de la música en occidente está relacionada con la cárcel. ¿Cómo es eso?
Eso salió de unas clínicas musicales en las que yo traté de establecer cómo el hombre había dispuesto de forma equidistante el tempo. Cuando vino la era de los inventos, el hombre creó un metrónomo, entonces después vino un músico que escribió: corchea = 120. Significa que vos ponés el aparato y cada vez que pase un minuto tendrán que pasar 20 corcheas. Una velocidad: eso es muy del siglo XIX, al igual que el panóptico, la cárcel, el ministerio, el hospital...

¿Tu estás dentro o fuera de ese presidio?
El que sienta cualquier cosa como presidio, desde los ojos de una bella mujer hasta lo más oscuro, está preso. Y el que no siente eso puede incluso estar preso y sentir que su alma vuela. La organización del sonido tiende a pertenecer al grupo de aquellos que han metodizado el anhelo. Es un método y se tiene que aprender. Es un alarde de sistematización y de técnica. Pero lo usaron todos los músicos ¿viste?. Nunca vas a pensar que Mahler no sentía o que estaba preso por usar el metrónomo. El metrónomo es una figura cultural. Por ahí una gota que cayó en el año VIII... tuc... tuc... tuc... tuc... ¡fue un hallazgo! Yo creo que el primer hombre que se dio cuenta de eso, se quedó a rezarle al dios de esa continuidad, porque empezó a escuchar un tintineo y dijo: "alguien estuvo acá".


*(Entrevista realizada en Chile en agosto de 2005 y publicada en The Clinic)

cadaveres exquisitos al vino blanco


Los panteras

Desde el cerro se veía la población. Y ellos, en medio de la maleza parda, musitaban su bronca. Pero a risotadas. O rapeando. Sabiendo que el vivo sobrevive y que el gil se queda atrás. Por eso se sientan flytes... volando en positivo. Amando las calles que los cobijan porque son su madre y padre. Los amigos, sus hermanos. Eternizando sus existencias en la métrica de un poema furioso. Asqueados de tantas detenciones por sopecha. Vomitando ira contra los pacos. Por sapos. Por aburridos. Así rugen como su nombre, los cumas de "Panteras Negras". Con un grafitti pegado al alma. La marginalidad no es un cuento que se inventaron para ser hip hop. No es su moda del momento. Es su mañana, la tarde, la noche oscura y dispuesta a todo. A transitar por la Huamachuco haciendose repetar. A combos, con navaja, sus pistolones si es necesario. Y dormir cuando la ciudad brame.

17.11.05

la burocracia


la burocracia es como una mueca. Una caña por la mañana. El bolso donde no encuentras nada por que está lleno. Copado. Es como jugar al "compra huevos". O como calentar la tetera sin tomarce el tecito. La burocracia es juntar várices en las piernas, d etanto ser tramitado. Tener que buscarse un buen libro para esperar a que la burocracia te atienda. Comerse las uñas en la fila. Un pin pon. Eso, un pin pon. Sin la burocracia, las "diligencias" no tendrían ese qué se yo. Igual me cago en ella. Llevo dos años esperando poder titularme. Pero la burocracia me sacó la lengua un tiempo, ni tan largo. El suficiente como para mostrarme su aliento a vieja rancia. Sus dientes amarillos. Gastados de tanto intentar buscar un orden en el caos. Al fin se cierra el círculo. Chaito. Burocrática.

invitacion

10.11.05

condones

me han pedido que escriba sobre el condón y yo, fatalmente, lo detesto. La primera cosa parecida a un preservativo data de los egipcios. Quizás los romanos, muy probablemente los griegos. me da lo mismo. Yo me quedo con la frase que una francesa del siglo XVII escribió sobre este depósito de semen. Lo llamó: "esa armadura contra el placer".

6.11.05

collar de perlas

La rueda de la bicicleta giraba su brillo circular cuando de pronto su dueña notó que algo resplandecía sobre el asfalto. Le pareció ver un collar d eperlas. Frenó en seco. Miró hacia todos lados para ver si la propietaria de dicha joya no rondaba aún por el lugar. Nadie. Entonces se precipitó sobre el collar y lo tomó. Trepidante. Esas perlas olían a perfume de mujer antigua. ¿Qué cresta hacían en una ciclovía? se preguntó. No cabía duda, pensó, aquello era una señal, el modo intimidante que la vida tiene de enseñarte ciertas rutas. Si su especulación resultaba no ser el fruto de su delirio habitual, esas perlas podían representar un nuevo momento y había que tomarlo. Por asalto y ya. Colgó el collar de su cuello. Notó que no hacía juego alguno con la ropa que llevaba puesta, con su pelo enmarañado, con el rostro ajado. O tal vez sí. La estética no importaba tanto en ese minuto como ejecutar la alegoría. Reemprendió el pedaleo.

5.11.05

nostalgias

Pedro Juan Gutiérrez es un escritor cubano. Loco como una cabra. Intenso. Vivo. Escribe como si fuera un ciclón. Leí su "Trilogía sucia de la Habana" y entre crónicas apuradas que incluían sexo, ron y una violencia abrasadora encontré las siguientes líneas, las más bellas dentros de la crudeza de sus relatos:

"es imposible desprenderse de las nostalgias, porque es imposible desprenderse de la memoria. es imposible desprenderse de lo que se ha amado... Todo eso irá siempre con uno. Uno siempre anhelará tanto rehacer lo bueno de la vida como olvidar y destruir la memoria de lo malo. Borrar las perversidades que hemos cometido, deshacer el recuerdo d ela spersonas que nos han dañado, quitar las tristezas y las ápocas de infelicidad es totalmente humano, entonces, ser un nostálgico y la única solución es aprender a convivir con las nostalgias"

Fluoxetina 2005

nunca tiene calma. se lo pasa buscando refugio en pensamientos elevados. aunque a veces descansa la mirada en su ventana, mirando esas flores y un pedazo de cielo que por ahí se asoma. siente que el mundo le queda grande. respira una bocanada de humo nicotínico. vomita. nunca está en calma. quisiera que el viento se llevara la casa. soplada por un lobo feroz. arrasada por la mano de un gigante egoísta. hoy regó sus plantas. besó los árboles. pisó la tierra húmeda de la mañana. miró las flores que una amiga le regaló. pensó en un hombre, quizás dos. buscó imágenes mentales. recordó que tenía que tomar su remedio. fluoxetina 2005. atrás quedó la hierba de san juan. las aguitas de toronjil que le recomendó Violeta. ya no le sirve. tiene una pena pegada al alma. no tiene calma. ahora mira a través de esta ventana. respira. se hunde

31.10.05

boquita de cereza

un encendedor rojo sobre la mesa no quiere decir nada. Sólo que acaba de prender un cigarrillo. A una mujer con boca de cereza. Tan roja como el encendedor que toma ahora para prender otro pucho.

colorado


El color de su pelo vibra. Busca ensoñaciones de su alma despierta. Entre piscolas desabridas hurguetea entre mis piernas. Luego se calla. Yo suspiro. Y caigo.

palta hass

Tratando de encontrar lo que se ha perdido se encontraba el hombre. Balbuceaba promesas de amor hasta quemarse los dedos. Contaba breves historias sobre un marqués que solía encontrar en un bar. Yo trataba de ignorarlo. Entonces se puso a dibujar una palta porque no encontraba el modo de seguir comunicándose.

Eclipse con matices

(Si marcas en tu memoria dos matices de colores "A" y "B", y "A" es más claro que "B"; y si luego llamas "A" a un matiz y "B" al otro, siendo este último más claro que el primero, entonces nombraste mal a estos matices. Esto es lógica.
Ludwig Wittgenstein )

Me confiesa una noche que me amó durante un año. Así, de golpe. Dijo que la última vez, la de mayor intensidad, ocurrió durante un eclipse lunar. Esos que pocas veces se repiten. Recordó que mientras el corazón se le deshacía en coágulos menguantes, yo besaba a otro, en su cara. Estábamos borrachos. Eso lo saben todos. Éramos tres infantes. Casi jugábamos a las canicas. También escribíamos papelitos creyéndonos poetas. Después de eso no volví a verlo. Luego yo tuve un amor y una hija. Aunque sin ese amor. Más tarde tuve soledades infinitas. Recién estoy zurciéndome. En esto me encontraba yo cuando él me dijo que me amó durante un año. Hace tanto tiempo. Hasta que miramos la luna desaparecer.

28.10.05

la cola del 4


quería fumar. la marihuana escaseaba. entonces recordó que en el 404 de julio prado, justo sobre el cuatro de bronce, una colita lo esperaba. Y fumó...

enferma del alma


La mujer estaba sentada frente a su escritorio. De pronto, tosió. Y volvió a toser. Se levantó y caminó hacia el parque. Buscaba a alguien. Como su miopía no la dejaba ver nítidamente, lo confundió con muchos mendigos. Tosió. Volvió a toser. Por suerte no murió

Para Dominga Robles



"-Está bien ¡seguiré luchando! –suspiró Ilín-. Lo haré de buen grado... Pero difícilmente sacaré nada de mi lucha. O me meteré una bala en la frente o... me pondré a beber de la manera más estúpida. ¡Nada bueno me espera! Todo tiene sus límites, también los tiene la lucha contra la naturaleza. Dígame, ¿cómo se puede luchar contra la locura? Si uno bebe vino, ¿cómo logrará vencer la excitación? ¿Qué puedo hacer yo si su imagen se ha clavado en mi alma y se yergue de manera obsesiva ante mis ojos, día y noche, como ahora este pino? Bueno, explíqueme, ¿qué hazaña he de llevar a cabo apara librarme de ese estado abyecto y desdichado, cuando todos mis pensamientos, deseos y sueños no me pertenecen a mí, sino a cierto diablo que ha tomado posesión de mi ser?"
Esto, mi querida Dominga Robles, fue lo que le dijo Ilían Mijáilovich a Sofía mientras paseaban por el bosque, cuando "las nubes permanecían inmóviles, como prendidas en la cima de los altos y viejos pinos".
No se movía una hoja, el aire era sofocante.
Ella, cual perra, ignoraba sus ruegos, aunque nunca le decía que no del todo. Discurseaba sobre la familia. Las buenas costumbres. Huía en permanente trance.
Esto me lo contó Chéjov.

27.10.05

Antonio Negri

lobby de un hotel. tomo el teléfono que está sobre una mesita barroca (de pésimo gusto). marco el número de la habitación. me contestan en francés. yo sólo hablo español. pero capté que me dice: okey. nunca tan inculta. Antonio Negri bajó pronto. me esperaba y yo a él. con traductor fue la conversa. no creía que existían seres así todavía. pensadores militantes. yo pensé que mi vida era una tragedia, pero la suya me superó. y se ve tan feliz. esto fue lo que salió de esa conversación.


"¿Habéis oído hablar de un tal Toni Negri?, ¿No está en prisión simplemente por ser un intelectual?"
Michael Foucault
El 7 de abril de 1979 Antonio Negri fue detenido en Milán acusado de ser el jefe del grupo armado italiano conocido como "Brigadas Rojas": A este cargo se sumó el de ser el organizador del asesinato de Aldo Moro, hombre clave de la DC italiana secuestrado en abril de 1978, el mismo día de su investidura como primer ministro de la coalición con el PCI. Para las autoridades judiciales italianas, el entonces profesor de "Teoría del Estado" de la Universidad de Padua era culpable de "insurrección armada contra los poderes del Estado". Y aunque no existían pruebas en su contra se lo mantuvo en prisión preventiva durante cuatro años sin fecha de juicio. Cuando por fin fue subido al estrado, las acusaciones originales en su contra habían sido desestimadas. En su lugar, los jueces lo procesaron como responsable «moral» y «objetivo» del crimen de Moro. Las pruebas: sus escritos.
Por esos años Negri se desempeñaba como editor de los Quaderni Rossi, una revista que representó el renacimiento del marxismo en Italia fuera del área del PC italiano y era miembro de Autonomía Organizzata, una red de organizaciones locales que ante la idea de un partido de vanguardia y de una dirección centralizada planteaba la autonomía de los grupos locales.

En 1983 Negri fue elegido diputado por el Partido Radical y excarcelado de inmediato. Meses más tarde, la Cámara de Diputados votó a favor de retirarle la inmunidad parlamentaria y devolverle a la prisión. Negri huye entonces en barco a Francia. Allí permaneció exiliado durante 14 años durante los cuáles se desempeñó como profesor en la Universidad de París y en el Collège International de Philosophie.
Los juicios continuaron sin su presencia y Negri fue condenado en rebeldía.
En 1997 decidió volver a Italia. Al llegar fue encarcelado de inmediato. Hace dos años consiguió su libertad. Ahora, sentado frente a nosotros, Negri tiene la cabeza llena de canas. Y de ideas. Viste un jeans desteñido, una polera azul, zapatos cafés. Sencillo. Detrás de sus lentes pequeños los ojos se le cierran cuando sonríe.
¿En que pensó cuando obtuvo su libertad?
En retomar la vida, en mi familia, en las personas que amo. En las cosas más simples.
¿Qué opina del asesinato de Aldo Moro?
Fue un gran error, una falla estratégica que permitió al Estado italiano intervenir en las industrias, en los barrios. Permitió legitimar la represión que en otra situación habría sido considerada ilegítima.

Usted fue acusado de ese crimen...
Ha pasado mucho tiempo, 25 años, no soy capaz de sentir resentimiento. Fueron acusaciones falsas y miserables, con consecuencias bastantes pesadas para mí. Yo soy optimista: ellos han estado eliminados por la historia. Yo y mis amigos hemos hecho cárcel y exilio pero al final estamos vivos.
¿Y quién mató realmente a Aldo Moro?

¡Las Brigadas Rojas! Está todo dilucidado, sabido y publicado, pero aún siguen fabulándose hipotéticas tramas extrañas...
¿Qué piensa de las Brigadas Rojas?
Las Brigadas Rojas fueron un partido militar con el cual yo no estaba de acuerdo.
Se le asigna la autoría intelectual de ellas...
Es falso. Yo no soy el jefe intelectual de las Brigadas Rojas. Yo era profesor, publicaba ensayos sociopolíticos.. En Europa, después del 68 hubo grandes movimientos en Italia, había una relación muy estrecha entre la crisis del Partido Comunista y de un cierto sector de jóvenes que habían trabajado una alternativa comunista al interior de la izquierda italiana. Después del 68, en Francia y Alemania muchas cosas se ganaron. No así en Italia por lo que el movimiento siguió vivo. Yo me encontré en el medio de este proceso. Había una intención de un ideal comunista: nos peleábamos en las fábricas y en los barrios, teníamos una organización amplia e importante. Yo creé Autonomía Obrera, un movimiento ajeno del todo a las Brigadas Rojas. Pero fui condenado.
¿Comparte la tesis de que detrás de este hecho está la CIA?
Sí, es evidente que los Estados Unidos está detrás de todo esto. Estábamos en plena Guerra Fría. Es tan injusto. Fue una provocación enorme, nos acusaron de ser jefes de todo y no fue así.
¿Quiere decir que ustedes pagaron las consecuencias?
Sí.


EL INTELECTUAL MILITANTE
Negri nació en Padua en 1933. Su padre era maestro en escuelas vespertinas y luego contador uno de los fundadores del partido Comunista Italiano. Su madre, hija de campesino que daba clases en las primeras escuelas básicas. Su hermano mayor murió durante la Segunda Guerra Mundial. La misma época en que sus padres refugiaban a partisanos en casa. Asustado por las bombas, Negri vio morir a nazis y a resistentes. "Todo eso me marcó", cuenta.
Por temor a que terminara en política su madre se negó a que Negri estudiara Filosofía y abogó para que fuera matemático. Pero Negri ya había hecho sus primeros contactos con el mundo de la izuqierda.
-Yo vivía en una región católica y de gran miseria. Pero sobe todo de derecha. A los 18 años me sentía en un clima sofocante. Tuve suerte de viajar por Europa y poder ver lo que en otras partes ocurría. A los 18 años, estando en el liceo empecé a hacer mis primeras actividades con grupos de izquierda.
Tiempo después ingresa a la GIAC (Gioventú Italiana di Azione Cattolica al igual que Humberto Eco y otros intelectuales italianos. En 1956 se licencia en Filosofía por la Universiodad de Padua con una tesis sobre el historicismo alemán. Desde entonces la separación de su vida intelectual y política se difumina.
Usted debe ser el único profesor de teoría del estado que ha sido procesado por atentar contra el estado ¿Qué le parece?
Jajaja, ridículo.
Hay quienes sostienen que su vida ha sido consecuente con sus teorías revolucionarias, ¿está de acuerdo?
Creo que sí.
¿Se siente un ejemplo a seguir?
No hay ejemplos para nadie. Cada uno es un nudo de contradicciones. A veces uno es capaz de salir de eso, otra veces no. Cada uno es un ejemplo para todos.
¿Cómo fueron para usted los años de cárcel?
Los primeros años estuve en una cárcel especial para políticos y mafiosos, con personajes peligrosos. La última vez estuve con delincuentes comunes que llevaban cumpliendo largas penas, también con muchos locos. Fue terrible. Trabajé para que dejaran entrar a la cárcel a unos amigos siquiatras para que los atendieran. Después, gracias a una la ley italiana, cuando cumplí la mitad de la pena pude salir durante el día y volver a la cárcel durante la noche. Fue agotador. Horrible. Todos los días eran de angustia, no podías organizar una vida normal. Es mejor quedarse en la cárcel. Fue todo muy fuerte, pero también en la cárcel se puede trabajar y estudiar. Yo escribí dos libros en prisión.
¿Fue torturado?
No, pero tuve largos periodos de aislamiento.
¿Qué consecuencias le trajo la prisión?
Uno puede salir enfermo de la cárcel. Por ejemplo, muchos compañeros que estuvieron conmigo murieron de cáncer por reacción sicosomática. Pero también tres amigos que estuvieron en la cárcel conmigo hoy son filósofos reconocidos en el mundo, hay cuatro médicos, uno es Director del instituto de investigación médica más grande del mundo.
¿Cómo fue su exilio en París?
Los primeros años fueron muy duros. Trabajé como sociólogo tratando de encontrar el modo como ganar dinero. Luego empecé a hacer clases en la Universidad de París. Muchos amigos me ayudaron. Por otra parte, el gobierno francés siempre nos ayudó y nos protegió del estado italiano. Francia siempre conoció la realidad italiana. Yo llegué a Francia en 1983, un año después de que comenzara el gobierno de Miterrand entonces la izquierda francesa nos aceptaba. Nunca otorgaron mi extradición a Italia. Gracias a ellos nunca tuve problemas. Sin embargo, era una situación extraña. El exilio no es fácil. Estábamos siempre nerviosos.
¿Porque decidió volver a Roma en 1997?
En 1997 hubo una transición en Italia que prometió amnistiar a todos los compañeras que todavía estaban presos. Una de las condiciones era que yo volviera. Y acepté. Pero cuando llegué, ¡no hicieron la amnistía!. Entonces estuve preso desde ese mismo año hasta el 2003.

EL "IMPERIO" DE NEGRI
En el año 2000 Negri escribió un libro junto con Michael Hardt que dio que hablar. "Imperio" se convirtió rápidamente en una suerte de Biblia para los movimientos antiglobalización en Europa. En la medida que es un libro que trata de entender el sistema de explotación actual, algunos pensadores lo han catalogado como el nuevo Manifiesto Comunista. En sus primeras líneas se puede leer: "El Imperio se está materializando antes nuestros ojos". La tesis central del libro es que en la actualidad ninguna nación será líder como lo fueron las naciones europeas modernas. Para Negri, todo centro de poder se ha difuminado, de modo que no se le puede ubicar en ninguna parte. El Imperio dice Negri, "no tiene límites, abarca la totalidad espacial, gobierna todo el mundo civilizado". Su dominio "opera en todos los registros del orden social y penetra hasta las profundidades del mundo social. El Imperio no solo gobierna un territorio y a una población, también crea el mundo mismo que lo habita". Está dedicado a la paz, sin embargo está continuamente bañado en sangre. Su medio de expansión: la guerra biopolítica.
¿A qué se refiere con este concepto?

Que hoy día la política invierte toda la vida, toca todos los aspectos de ella. No se puede asilar la política y la vida. Pero la política siempre está en guerra. La forma de la guerra ya no es simplemente la legitimación del poder. La guerra deviene la forma externa e interna a través de la cual, todas las operaciones del poder, la organización de este a escala global, se desarrollan. Una guerra biopolítica implica el ordenamiento entero de la vida, de la producción y la reproducción de la vida.
Usted postula también que la política es un acto de amor, ¿en que sentido?
La pulsión humana más fuerte es el amor materialista: el amor por la comunidad, que es un amor previo al amor sentimental. Sólo la comunidad posibilita la supervivencia del individuo En toda institución política subyace un sustrato amoroso. Spinoza considera que después que se ha comido y bebido es necesario amar, y que amar no es sólo simplemente amarse para reproducirse, es amarse para organizarse, para estar juntos, para inventar el lenguaje, para producir. Este amor no es cualquier cosa que conlleva tan sólo pasión; también conlleva razonamiento, vida natural, vida mental. ¡Y la creación de una nueva humanidad es el acto de amor definitivo!
¿Como ve el mundo después de la cárcel?
Completamente cambiado: por un lado la gente rica es más rica y los miserables son más miserables.
¿Qué piensa de esa desigualdad?
Pienso que las luchas han cambiado el mundo. Estoy convencido de eso. Todo lo que tiene la gente son cosas que ellos mismos han conquistado. Nadie se las regaló. Hoy han cambiado las relaciones de fuerza, han cambiado los sujetos que están en lucha. En Europa las luchas que se libran son la de los inmigrantes y la de los intelectuales precarios. Son grupos, organizaciones, realidades. Ya no son partido de masas. Son relaciones que empiezan a volverse interesantes desde el punto de vista de construcción.
La "multitud" de la que usted habla en su último libro.
Sí, la multitud es eso: nuevas fuerzas de trabajo extremadamente dinámicas y precarias. Esa es la nueva posibilidad de luces que existe. Por siglos nos han hecho creer que la multitud es estúpida, es vulgo, plebe, peligrosa. Y sobre eso se han cimentado los regímenes modernos, de la monarquía a la democracia, que son siempre el gobierno de uno (o unos) contra la multitud (que infunde miedo). Hay que entender la multitud como multiplicidad de singularidades con capacidad de reconocerse en lo común, de expresar autónomamente sus razones. Y eso es inteligente. Esa potencia existe y hemos de desarrollarla hoy.
¿Y si eso no ocurriese?
El imperio: es decir, el gobierno global que el mercado global precisa. Y, así, ¡siempre alguien decidirá sobre nosotros! Alguien decidirá las guerras, por ejemplo.
¿Qué piensa de la violencia?
La diferencia entre violencia y actividad es la ley la que la determina, entonces nunca se sabe.
¿En qué cree además del amor?
Soy ateo y comunista.
¿Dónde vive actualmente?
Hago mi vida entre Venecia y París.
¿A qué se dedica?
A ser jubilado. Jajaja. Sigo haciendo clases en París y también escribo.
¿Qué le gustaría dejar en el pasado?
No sé, amo todo lo que fui. No tengo remordimientos.
¿Como ve Chile?
Está lejos. Un país al cual estamos muy ligados. Pero son lazos muy extraños: después del golpe de Pinochet el gobierno italiano declaró que había hacer una gran coalición democrática entre la democracia Cristiana y el Partido Comunista italiano para evitar lo que se llamó el síndrome chileno. ¿Raro no?

25.10.05

ERRORES


Me gustaría participar en un campeonato de errores. También me gustaría ganarlo. Sé que lo lograría. Amelia me ha señalado esta manaña que he cometido un equívoco. Me lo dijo así:

oye pajarita mal podría comentar dentro de tu blog porque has dejado nula la opción de "anónimo", o sea sólo pueden comentarte quienes tengan un blog...
y yo no tengo.
quizá puedas modificar eso, en todo caso tenga para usted una boba cita de jardineros que se me viene a la cabeza ahora (justo que miro una parejita de tordos negrísimos) sobre la postura tierna:

April is the cruelest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain

T.S. Eliot

(Abril es el mes más cruel, hace brotar
lilas del interior de la tierra muerta, mezcla
la memoria y el deseo, estremece
las raíces marchitas con lluvia de primavera)
ps: en el otro hemisferio abril corresponde a nuestro querido octubre

Yo agrego: ¿En qué mes murió Marylin?

24.10.05

la viuda de man ray





Es fácil entusiasmarse con una historia. Si te dicen que la viuda de Man Ray vive en tal parte, uno parte. Y yo partí. ¿Adónde?, no lo diré por respeto a ella quien, después de contarme intensas vicisitudes, un resumen de 61 años de historia íntima, todo en imperfecto español, me pidió que la dejara en el anonimato. Alemana. Alta. Cabellos entintados con un negro azabache. Ojos azules, pequeños y redondos. Alegres. Un poco vírgenes. Una botella de vino blanco le llevé. Su conviviente, un muchacho gay que la ama como si fuera su madre y también su amante, me dijo que nadie era tan perfecto. Que quien me había dateado. Tuve que confesar que llegar con ese obsequio no fue idea mía. Aceptar que no soy adivina. Que me gusta el tinto. Igual se lo tomaron. Frío. Entre Malboros rojos. Mirando el mar. Yo con ellos. Sé que ella tomaba porque le dolía recordar. Lo supe por la forma en que se empinó tres copas al hilo. Cuando pasamos a la terraza pude ver que un gato negro de cemento comandaba la casa. Recordé que la noche anterior había soñado con mi gata. Que era negra. Que aún me pena por dejarla abandonada en el castillo de Dióscoro. Entonces vinieron sus confesiones: mis padres eran nazis, me dijo. Lo supo siempre. Aunque no del modo en que lo entendió cuando tenía 15 años. Cuando un compañero de internado, sobreviviente de los campos de concentración le contó cómo salvó su pellejo. Cuando me miraron sus ojos, parecen que me suplicaban no pensar. Algo se le quebraba por dentro al repetir (cuantas veces habrá dicho esto mismo, y con cuanta vergüenza) que su padre era químico. Colaborador de Hitler. Entonces entendió porqué cuando cumplió los cinco años su papá ya no vivía en la casa y porqué tenía que ir a visitarlo a los bosques donde estaba condenado a cortar leña por 15 años.
La paradoja de su vida radicaba, según ella, en la confesión de aquel torturado. Parece que a partir de ese minuto la historia se le repitió. El gran amor de su vida fue un fotógrafo alemán treinta años mayor que ella quien huyó en bicicleta a Francia escapando de los nazis, pero que volvió al poco tiempo siendo apresado y torturado.
Los años junto a él fueron felices, pero un cáncer se lo llevó. Y ella aún lo recuerda como si estuviera vivo. El muchacho que vive con ella lo ama como si también hubiera sido su hombre. Al escuchar hablar de él parece que era especial. Antes de pasar a relatarme cómo llegó a Chile de la mano de un exiliado y torturado de Pinochet, una caja con fotografías llegó a mis manos. La abrí con cuidado. Parecía un tesoro. Se trataba de imágenes en blanco y negro. Ella posando desnuda en los sesenta ante el lente de su amado. Impresionantes fotografías. Un lunar en su frente llamaba la atención. Todavía se lo pinta en honor al fotógrafo: un hombre mayor, de cabellos rojos, expresión alocada, mirada viva. Y cada tanto, fotos de gatos. Recordó que su primer marido mató a su gata y nunca se lo perdonó. Siguió viviendo con él, pero no dejó que nunca más la tocara. Eso fue antes de conocer al fotógrafo y de viajar a Paría para vivir con él. Antes de que hicieran el amor en los museos o en el palacio de Versalles. Mucho antes de que embriagada de amor tratara de lanzarse de la Torre Eiffel. Mucho antes de que dejara hipnotizado con su belleza a Dalí. Mayo de 1968. París. Ella arrancando de las bombas lacrimógenas. Escondida en un convento, la multitud caminó sobre ella asustada. Hecha un estropajo, corrió a refugiarse en la casa de Man Ray. Se puso los trajes de su mujer. Una foto la retrata. Su sonrisa es infinita.
¿Cuándo perdió el centro?. Durante la agonía de su fotógrafo. Cuando tenía que tomar su leika y recorrer todos los cementerios alemanes en busca del sitio ideal donde enterrarlo. La idea fue de él: amplias copias para ver si tal o cual nicho le gustaba. Este no, tiene mala vista, le decía. Este tampoco, presiento que no me voy a llevar bien con mis vecinos. Una locura. Un mes antes de morir, él no abrió más ventanas ni cortinas. Trata de matarse. También a ella. La mujer prefirió vivir. Pero hoy me habla como si estuviera muerta. No se siente alemana ni chilena. No tiene identidad. Se siente mal. Deprimida. Sólo bebe vino blanco. Aislada de todos en una casa del litoral. Los lugareños creían que era una viuda. No podían creer que una mujer viviera sin un hombre. Luego pensaron que ella misma era un hombre, operado de mujer. Y así, de tanto invento ya está harta. Se concentra en sus flores, en su jardín, en los telares monumentales que teje y que vende a buen precio.

Resultó ser que Man Ray fue su amigo, no me atrevía a preguntar si algo había pasado entre ellos. Aunque así hubiera sido, el protagonista de su vida claramente había sido otro.
Me invitó a pasar la noche en su casa. Luego se arrepintió. Embriagada, sintió que había abierto cajones que tenía muy cerrados. Me pidió que la dejara sola, amablemente. Frente a la playa esperé el bus. Tomé instantáneas del crepúsculo. Cuando subí ya se había ido por completo el sol. En el trayecto traté de leer un libro de bolsillo. Anton Chejov. No pude. Seguía pensando en ella. En su pena. En cómo un amor puede enquistarse en el alma. Al llegar a Santiago fui a buscar el mío por que lo estaba perdiendo. No sirvió de mucho.