23.10.07

amapolas de california o negra historia de un amor porteño


comenzó regalándome florecitas silvestres. dedales de oro que recogía en la calle antes de nuestros fugaces encuentros. porque los encuentros fueron fugaces en un comienzo. lo conocí en una bailanta de madrugada. en medio de travestis, rockeros, trasnochadores varios. sus cigarrillos artesanales fueron un vulgar y fetiche imán que me llevó a concluir nuestra dulce conversación en un polvo ebrio de sábado por la mañana. lo que vino fue imborrable: sus frases para el bronce, sus vínculos con la policía, su pasado militar. ni toda la ternura del mundo salvaba la situación. una noche porteña insistió en sus artes amatorias, pero yo ya estaba agotada. no quería su amor, ni sus palabras, ni sus halagos. era un policía del alma.

por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa