4.8.06

FLORISTOPORO o las flores anticipadas

amigo
melancolía
jugo de naranja
sandiwch con queso de cabra
traigan la cuenta!
Vinilo
video amistoso
cigarrillos
risa
vuelta a casa
subiendo el cerro
olor intenso
floristóporo aparece
brisa liviana
escalera empinada
pichanga de barrio nocturna
portazo
maraña de cables
dormir

agosto

un gato maúlla de placer
encaramado en el techo de una vieja mansión porteña
un matorral oscuro lo encubre cómplice
el mar de telón de fondo
silencio

bocas

¿Cuantas bocas se estarán juntando esta noche?
el Puerto está latiendo y yo recién llegada

3.7.06

historia de una creación


Pablo Domínguez

El día uno se sintió feliz. La música saldría de un parámetro extraño hacia los canales requeridos. Era un acontecimiento importante pues, dentro de su pobreza de espíritu, esas grabaciones representaban su único tesoro. Aquello que le otorgaba a este ser la categoría de ser humano. Pero esa mañana recibió una visita inquietante. Una mujer de cabellos claros tocó a su puerta con la clara intención de exigir una respuesta por su ausencia de tantos años. Con los ojos extraviados,recorrió la casa hasta dar con esa melodía. Música para niños. Una niña entre ambos. Una vida de lejos. El encuentro terminó en cero. Mucha lluvia, tanto viento, sexo vago. Y sangre.

15.6.06

CRIATURAS CELESTIALES


Criaturas Celestiales es una película antigua, en todo el sentido de la palabra. Por la época, por el tono, por la fecha en que se filmó, por la intensidad del sentimiento homosexual, por el horror de los tiempos infinitos. Melanie Lynskey interpreta a Pauline Parker y la titánica Kate Winslet a Juliet Hulme. Dos chicas alocadas, niñas, bellas, mágicas, raras, soñadoras, creando mundos en papeles y en plasticina, mundos tan suyos como la irrealidad. 19 años tenía la primera vez que la vi. En un rito snob de ver cine arte por costumbre, centrada en el "tratamiento cinematográfico", ya no recuerdo si lloré como lo haría años más tarde, tumbada en mi cama capeando un frío maligno con control remoto en mano haciendo zapping infructuoso. De pronto ellas estaban ahí, en su brillo fiel, tan vírgenes, tan bobas, tan ellas. Yo también mataría por amor.

8.6.06

OTRO DILUVIO


ACÁ TB DILUVIA
ALGUNOS EXPECTANTES COMO PÁJAROS,
MIRAN TRAS LOS CRISTALES,
OTROS,
MAMÍFEROS ROTUNDOS,
MIRAMOS ESTE DERROCHE
DESDE UNA SERENA PERPLEJIDAD
ARROPADOS
ENROLLADOS
EN LANAS DE COLORES
MUY BUENA EL AGUA DESDE EL CIELO (UNA BENDICIÓN)

UN ABRAZO,


AMELIA
(FOTO: RODRIGO GÓMEZ-ROVIRA)

DILUVIO


diluvia en valparaiso
el agua corre calle abajo
el mar se encabrita
y yo
simple minina
sonrío
(foto: rodrigo gómez - rovira)

29.5.06

migraciones espontáneas


no fue la única que emigró
pese a los esfuerzos de varios
se sabía que la ciudad estaba punto de colapsar
un musgo negro se adehería a los muros, a las gargantas y a las almas
así fue como huyeron en masa, pero en silencio
unos al sur, otros al norte
los más llegaron hasta el puerto
para saber qué se siente vivir entre curvas y olas espesas
guardando un poquito de nostalgia para la vejez
dejando el aire nicotinoso atrás
horadeando la ciudad
en una memoria oculta

19.5.06

¿DUDAIS?



Porteños


Esta mañana el Pacífico hacía honor a su nombre
mudo como el silencio
hacía alarde de su grandeza
bajo las nubes de un cielo furioso
en medio de un temblor lacónico
y la brisa pegando en la cara de los porteños

los fósiles

Desde Ecuador hicieron un pedido urgente.
Una lista con jovenes para postular a una beca
Un grupo de extranjeros que alguna vez anduvieron por el Caribe
se quedó pensando en la edades de piedra
en las suyas y en las del resto
la beca no los contemplaba
estaban fuera del marco
y ahí surgió la idea de tomar algún elixir
algo que les devolviera la lozanía
el pudor
la inocencia

22.3.06

arriba de la chancha

arriba de la chancha
me fui pedalenado pa donde mi abuela
no llevaba ni una vela
solo quería su cobijo
de tanto regocijo
me tuve que venir a pie
y hasta aquí llegué cargando toda su sabiduría
de mujer bella y engreida

10.3.06

primer día laboral o de regreso al trabajo


primer día laboral o de regreso al trabajo
cayó el rojo del semáforo
la mujer deslizó la mano por la pierna descolorida
afixiado de ardor, el joven le rogó que no lo hiciera
pero la diabla se lo agarró como si fuera a salir huyendo con él
ay, dijo él,
otro agarrón
¡no seas bruta!
segundos después estaba calladito
escuchando el seseo de aquel vaivén de boca mujeril
con ese suave cosquilleo de allá abajo
inquieto, pero feliz
y el semáforo pasó a verde
y luego a rojo
y a verde
y a rojo

9.3.06

SANTIAGO EN MARZO


En un escaño del paseo Ahumada había escupo.
Alguien quería que nadie se sentara allí
Como no había donde más descansar
Ahí me quedé
Claro que traté de esquivar las babas
Luego un hombre con barba de cien años, vestido apenas con un pantalón se sentó a mi lado
Olía a muerto
¿Qué signos se me estaban presentando?
Era toda una clase de semántica
Entonces decidía pararme
Pues no soportaba más el olor de aquel señor
Y uno de esos mimos que se pasean por esta peatonal me hace uno de sus figurines
Le sonreí al estilo chilensis
Me creyó y al fin tomó a otro por monigote de su espectáculo.
Caminé hacia el kilómetro cero de Chile y ahí, en plena plaza de Armas de Santiago
Me puse a escuchar a un pastor
No sin antes proveerme de unas buena papas fritas
El enviado tenía demasiadas esperanzas
Algo muy malo debe haberle ocurrido como para soportar el sol durante todo un día
Y gritar alabanzas
Más allá, los pacos detenían la función de un par de humoristas que por coqueros echaron de la tele
La gente, el público improvisado reclamó
Y todo siguió como antes
Luego alcé los ojos y miré las formas de la Catedral recortadas contra el sol
Arriba las nubes en pinceladas sobre el celeste
Un grito de horror me sacó de la contemplación
Un robo de celular había acontecido
Le presté la atención mínima
La misma que mis coterráneos
La suficiente como para saber quien, cuando, donde
Una pareja se sentó a mi lado y comenzó a besarse
Sonaba el tráfico de saliva
Decidí pararme nuevamente
No tanto por pudor ni asco
Como por apuro
Por orinar
Un baño
Urgente
Pensé
Había que pagar
Y ya me había gastado los últimos morlacos en las papas
No importa
Miré el reloj
Aún me quedaba una hora
Había postergado por semanas arreglar mis lentes
Un minuto más, un minuto menos
Caminé hacia la iglesia de Santo Domingo
Grande, linda, fría
Una muchacha en la entrada me ofreció santitos
¿cuál es el patrono del trabajo?, le pregunté
en dos minutos ya estaba adentro con una estampita de San Pancracio
La necesidad tiene la cara que tiene que tener
Cuando salí de la iglesia el sol ya se estaba esfumando
¿En qué me demoré?
Conversando con fieles que creen más que yo
La muchacha de los santos le daba de comer a su bebé
Observé como lo mudaba
Sentí ganas de preguntarle muchas cosas
Deformación periodística enquistada
Callé
Seguí mi camino
Busqué mis gafas
Tomé la bicicleta
Regresé a casa
Vi a un ladrón de autos a punto de dar su golpe
Lo miré
Me respondió con ojos de odio
El único refugio estaba cerca
En Salvador con Irarrázaval
Junto a mis enanos

6.3.06

Cuatro veces una ventana




La puerta de oro


Mirando el manual de instrucciones,
pretendía abrir la puerta de oro.
Había oído
que adentro vivía la dicha
en barras pesadas,
lingotes jugosos
de brillante esperanza

cesantía sin valentía


Así andaba caminando por esas calles de Buenos Aires y pensaba que la raza era la mala. Mi raza chilensis. Una mezcla extraña entre cinismo y falta de cortesía. Odié tener que regresar a mirar las caras largas, amargadas o borrachas. Busqué la cordillera y como no la encontré, sentí alivio. Nada de encierro. Teñí mi cabello con blondor para ver qué caras ponen las viejas agrias cuando vaya a comprar a la feria. Aunque es cierto que también lo hice por vanidad y desesperación. Todos saben que me pinto el pelo cada vez que entro en crisis. Y mi actual crisis tienen como centro la falta de trabajo. La cesantía es como una gran pata aplastándote el coco. Pero también el corazón. Estrujado.

28.1.06

la vida se esta volviendo loca

un dia
de la vida contigo
se convierte en un segundo
en un año
en mil dias
luego se transforma en olor
en alegria
en comida
en cuidados
en sueños
en ganas de enseñarte
en jugar en guiarte
abrazerte en enrrollarte
en bañarte
para qu te ensucies y te vuelva a lavar para que te ensucies

25.1.06

La sandía por la mañana


esta mañana me comí una sandía
más tarde sonó el teléfono
era mi jefe:
-quiero que vengas, me dijo con esa voz tan negra
negra como las pepas de la sandía que me comí esta mañana
y así fue como me comunicó mi salida del diario
con los ojos negros
vi el universo en ellos
soy una partícula
simple partícula

17.1.06

ROCKERAS

Prefieran la marihuana a la cocaína. La piscola y la cerveza para después de las tocatas. Nunca en el escenario. Arriba prefieren tocar. Hartas de ser las minas de bandas formadas por hombres, hicieron las suyas. Con nombre raros. Sin odio, pero con sorna acaban de reunirse en el Fem Fest, un festival de bandas femeninas que las dejó con 360 pesos en los bolsillos para cada una como ganancia, pero con la satisfacción de haber convocado a 200 personas el mismo día en que la gente estaba en las calles bailando con el promocionado Love Parade. En medio del fragor de las elecciones presidenciales, The Clinic conversó con las integrantes de Lilits, Vaso de leche y Logos Legos. Aquí, rock de mujeres para todos los ciudadanos.

Por Alejandra Delgado, fotos Alejandro Olivares.

LOGOS LEGOS
Ella era “la” mina de una banda llamada Enmascarados de Monterrey. Rock “pichulero adolescente”. Tenía 15 años. Nada mal para empezar. A veces le decían que tocaba bien para ser mujer. Ella agradecía los escasos halagos. Un día fue mucho y los mandó a la cresta. Entonces María Paz Rizz, que hoy tiene 21, conoció a Antonia Piña. Misma edad, iguales quejas, similares inquietudes. Junto a dos chicas más formaron “Penélope Glamour”, un desquite juvenil con sonidos de surf rock a tantos desaires masculinos. Eran tiempos en que pedir un local les costaba mucho. Se disfrazaban para actuar, parecían ligt, sólo chicas, no las pescaban
-Un día nos dejaron tocar en una discoteque y fue super hostil, lleno de hombres. No cachábamos nada. Queríamos hacer una prueba de sonido, pero un tipo nos dijo: no se preocupen niñitas por el sonido, vayan a disfrazarse no más, recuerda María Paz.
Más tarde, las dos adolescentes de Penélope Glamour se unieron a una bajista y formaron las “Rompehogares”. María Paz en guitarra, Antonia en teclados. Vomitando feminismo extremo en las letras compusieron canciones como “Te odio” (despecho puro con un coro que decía simplemente: “me declaro estafada”) y “Actitud” (Con voz dulce y angelical cantan: “no te fíes, te puedo morder, si me provocas, te puedo matar porque tengo actitud animal”). “Quiero verte” dice así:
“Sólo necesito saber
si quieres ser mi amante
satisfacción garantizada
hacer de un baño de burbujas
una paraíso terrenal
pero no te atreves
soy demasiado para ti
sólo eres un mamón”
-Empecé a cantar antes de hablar y desde siempre toqué con hombres. Era fácil ser la del pandero, la vocalista o la tecladista. Pero no hay interacción. Con las minas puedes llorar, quejarte si tienes la regla. No es feminismo, sólo reacción ante el machismo, ante las bandas que te marcan y te dicen: eres mina mina mina, alega Antonia.
Inspiradas por Pixies, Fugacis, Smushing Pumkins cada una llegó a la música por diferentes caminos. María Paz por estudios desde chica. Antonia por oído. Una estudia Pedagogía en Música , la otra Filosofía.
-Un día me compré un bajo Yamaha blanco en cien lucas. Estuvo en mi casa como mueble durante mucho tiempo. Hasta que lo agarré, cuenta Antonia.
Tenía la cabeza llena de ideas. Escribís canciones en la micro, en el metro, encerrada en su pieza. De tanto pensar un día colapsó y comenzó a componer sólo sonidos. De esas raras composiciones nació una nueva banda y con ella el empuje de una escena femenina emergente: Logos Legos.
-Cuando se fue la bajista de Rompecorazones a vivir a España hicimos Logos legos con ganas de experimentar ritmos nuevos. Yo nunca había tocado bajo y eso ya era un gran salto, recuerda Antonia.
En “Tecnobán” la mezcla de ritmos es evidente. Sólo un “huija” como coro. Muchas de las canciones de esta etapa hacen referencia a la adicción de ambas por el cine. “El pensamiento de Norman Bates”, por ejemplo, es un tema instrumental que nació de plasmar en notas lo que Antonia creía estaba pensado Bates en su sicótica residencial. O “Los Pájaros” y sus guitarras sicodélicas alusivas al mensaje claustrofóbico del film de Hitchcock.


LILITS
Luego de repetir dos veces de curso, su mamá le dijo: “te vas de la banda”. Y Bárbara Finsterrbusch (22), cachando que se estaba distorsionando en el carrete, dejó de cantar por un año en “Lilits”. La banda que formó en 1999 junto a otras compañeras del colegio Siglo XXI de la Florida nació de una rabia furibunda contra todo.
-Usábamos parches, éramos enteras de punkies. “Mi pobreza” se convirtió en un hit, cantábamos: “dime a la cara que soy una perra una vez más”. Era la raja, pero me autocastigué por un año. En ese tiempo me di cuenta que hacer música era mucho más que un pasatiempo, recuerda la vocalista de Lilits.
Por esos días anunciaban en la radio una tocata de las Lilits, y ella, castigada, maciza y ruda, agarró el equipo con furia y lo tiró por la ventana del segundo piso.
No aguantó más y volvió.
Entonces comenzaron a tocar en circuitos pequeños, como los colectivos de integración al rock que se hacían en la población Los Copihues. Gente adulta en su mayoría y ellas, minas y pendejas.
-Nos gritaban: ¡empelota!, ¡en colaless! Lo único que les faltaba era mostrarnos el pico, cuenta Bárbara.
Hoy, junto a Masiel en bajo, Javiera en batería y Lorena en la guitarra, acaban de sacar su primer disco homónimo apadrinadas por Alvaro España de Fiskales AdHok y su sello CFA.
Una evolución musical desde la época escolar.
-Todas escuchamos músicas diferentes, de muy variados estilos, entonces siempre estamos mezclando nuevos elementos. Pero seguimos siendo una banda punk rock, dice.
Bárbara creció escuchando grunge por sus hermanas y new wave por sus tías. Luego agarró su propio estilo con bandas femeninas europeas.
Luego de las tocatas, cuenta, muchas mujeres se le acercan para felicitarlas y decirle que se sienten representadas por las Lilits en el escenario. Algo que le reafirma su decisión de seguir en la música además de su trabajo como mesera en un pub y sus estudios de Periodismo.
-La banda es mi respiro, aclara confiada.
Por eso no deja de escribir canciones. “Todos los días te van pasando cosas que no me limitan al momento de escribir. Lo rico es dejar plasmado el momento que estás viviendo”.
Sus letras van desde la contestataria “Yo quiero ya” (“por monedas no cambiarás nuestra mentalidad, a nosotras nunca nadie nos logrará callar”) a la diatriba en contra de la Apec “Cállate”… “me da asco tu cara de gil”, gime Bárbara en esta canción en un tono agresivo, pero femenino.
También le gusta alardear sobre su autosatisfacción en el sexo y cantar sugerente : “¿te gustó el líquido que emana de allí?”. De su padre no sabe nada. Entonces dice, “los hombre en mi vida los adquiero yo”.
Y aunque las canciones de las Lilits no aluden a un feminismo extremo, Lorena (23), la guitarrista, “la gata”, como le gusta que la llamen, reconoce:
-Esto no es un repechaje en contra de los hombres. No hay odio hacia ellos. Tocamos porque queremos.
Igual los compadece. No se olvida de sus ex compañeros de banda que siempre la vieron como una competencia. O a ese tipo que una vez se volvió loco por sus movimientos en escena y le pidió que lo dejara grabarla. Y ella, como si nada. Estaba demasiado ocupada enrollando el cable de la amplificación. Y él, con actitud “imbécil” diciéndole:
-¡Y más encima sabís enrollar cables! Eres mi ídola.
-Era un perno. Creen que porque tocamos les queremos quitar el poder. Yo simplemente siento que estoy a la mierda cuando toco. No estoy en la tierra, remata.
No todo es tener que defenderse del ninguneo en todo caso. Lorena reconoce que la discriminación positiva a veces, las favorece. Las Lilits se presentaron en los recientes Carnavales culturales de Valparaíso y mientras la “Gata” trataba de arreglar un desperfecto en un cable, tenía a diez técnicos a su alrededor ofreciéndole ayuda. Se rió y dijo que ella podía. Pero no estuvo mal el halago.
Lorena es estudiante de fotografía y toca de oído. Hace unos años encontró una guitarra botada, la arregló, se compró unos cancioneros y empezó.


VASO DE LECHE
Tania llega atrasada a la entrevista. Viene sudada. Se moja el pelo que se rapó apenas terminó el año escolar y cesaron temporalmente sus funciones de profesora de música. Todo el año debe esconder su look punketa porque no es un buen ejemplo para los niños, le dicen sus jefes. Ella acata, pero se queja
-Todo está tan normado en Chile.
Viene de la comisaría a donde se la llevaron presa por dejar estacionada la bicicleta en una estación del metro.
-Me da rabia. Yo andaba acompañando a mi novia a dejar currículum por todo Santiago y no podíamos dejar la bicicleta en cualquier lado.
Con su bajo en “Vaso de leche”, rara simbiosis musical de Violeta Parra y Sonic Youth, se descarga. La acompaña Carola Ozaus, quien a sus 33 años afirma que esta tendencia de grupos femeninos de rock es “vanguardista”
-Yo tocaba en las primeras escuelas de rock que se hicieron a fines de los noventa. Siempre con hombres. Y me decían: ¡cacha toca guitarra y puntea! Como si so fuera muy anormal. Por eso es una emoción llegar a los 33 y ver que hay un cambio, ver que el club de Toby empieza a desaparecer… y el club de las Lulús también porque tiene que haber una transición para que el rock de mina deje de ser el rock de mina y sea sólo buena música.
Carola se fue de su casa bien chica. Hija única de familia conservadora, no soportó la presión de sus padres por hacer de ella una chica más “normal”. El año 90 se hizo su primera guitarra hechiza. No habían tantas oportunidades tecnológicas como ahora. En su casa creyeron que era un pasatiempo y esperaban que algún día sentara cabeza. Y formara una familia
-Yo decidí no tener hijos porque lo que más deseo en la vida es hacer música. O tengo ganas de tener familia, declara.
Los hombres no son un tema para ella. Hoy tiene una novia y ayer tuvo novios. Pero no los cacha, dice.
-Un día estaba tocando con hombres y llegó mi novia, pero ellos no sabían quien era. Quedaron locos con ella. Todos tocaron como nunca, se quebraban. Después preguntaban, ¿a quien vendrá a ver?. A mí, les dije yo. No lo podían creer. Su ego estaba herido.
Vaso de leche habla en sus temas de amor, muerte, soledad. El ser humano en su dimensión más frágil. En una ocasión Carola agarró un libro de Vicente Huidobro que estaba en una librería. Valía 40 mil pesos. Demasiado. Se sentó a copiar un poema en su cuaderno. “Ecuatorial”. Llegó a su casa y lo musicalizó. Así compuso “Vicente”:
“Trescientos sesenta y cinco pájaros tiene el cielo
Estos pájaros serán banderas el día del gran triunfo
Cuando los hombres oigan contar la hora del hombre
Cuando nadie viva del esfuerzo nacido de otros pechos
Cuando nadie se nutra de la cara ajena
Ni respire por pulmones extraños
Ni se ate los pantalones con las tripas esclavas”.

16.1.06

Otra oración a la luna de Cartagena

__De la revolución de los cuerpos celestes__



Fue en la más joven de las hijas de Cártago
donde supimos que el amanecer
mentía a los hombres que vienen del estruendo

esa ciudad fue un puerto dúctil

una tesis de posibilidades,
pasillos de aeropuerto
y rampas que conducían hasta el aura oculta de la luna

fuiste tú una de las parcas que midió
la historia aquella que nunca te pude escribir
y que dejé colgada en promesa
como lágrima sobre tu pecho

estábamos perdidos a drede
en una ciudad de pasajes y pasajeros
haciendo caso omiso de las advertencias de Walter Benjamin
construyendo laberintos entre cafés y gaiteros fantasmas
extraviados entre el bosque de las maderas viejas y
miradas furtivas por dentro de tu blusa

siendo pasajeros
supimos que a veces
el tiempo tiene la facultad de detenerse
pero que el desplazamiento inevitable
y las rotaciones de propias de nuestra astronomía de clase turística
y reembolsos a contrafactura
continuaron su sumatoria feroz más allá de nuestro milagro de
relojerías


el tiempo fue una barca que nos abandonó
a nuestra suerte en una playa feliz, Marta
como los náufragos de los mares del sur
bailamos con las mascaras
bailamos con los fantasmas
bailamos con los espejos
bailamos con los que nunca fuimos

bailamos condenados a muerte
con la felicidad de los ahogados en las playas de la nostalgia

fuimos ciudad
fuimos laberinto
fuimos puertos
fuimos puertas

quedamos abiertos a ese amanecer falaz
a la historia de los que pasan sin saberse
y convencidos desde nuestros asientos suspendidos en el aire
que la conspiración que fraguamos entre
tomates con albahacas
es el trazo preciso hacia la única certeza
de tu cuerpo repartido
y el naufragio que arribará hasta la costa breve
de la muerte constante más allá del amor.

12.1.06

esta fue una de las oraciones que desgrané al oído de la diosa mexicana

Es triste la alegría de las banderas


¿era por nosotros que venía aquella barca del ocaso?
el sol caía por la Boca Grande y el jueves terminaba al margen
de aquella playa donde mis versos
callaron al vuelo de los pájaros de la tarde

en silencio mirábamos el islote
preguntándole quizá
por la paz esquiva de los días
contándonos, con lengua cifrada de banderas marítimas,
que las sirenas eran cosa de marinos tontos
y que los naufragios nada podían decir
a la calma de segundos inabarcables donde comenzamos a amarnos
y a perdernos de vista

dos astros a cada lado de un universo mínimo
en viajes repetidos y elípticas indeseadas
365 días
a toda velocidad

espejo terreno del sol que ponía
con la mirada fija sobre la luna al otro costado del firmamento

dos planetas ensimismados

mirándonos a la eternidad de las estrellas
frente a aquel islote anónimo
al atardecer de aquella tarde de silencios
cuando la balsa redentora cruzó por el frente
llevándose consigo
la bahía de promesas que con aire de arena
construímos aquella tarde feliz.

La que nace fuerte


parece estar siempre alegre aunque, sopecho, un dolor oculto como su piercing en su oreja derecha se asoma de vez en cuando. Un heavy metal suele retornarla a la calma. Transita entre el mundo adulto, al que connsidera falso, hipócrita y trastornado y el infantil, que ya no le cabe porque jugar es algo demasiado pendejo. Pero es bella. Bella como la noche tibia.

quequequeque


Hicimos un queque. Compramos huevos, harina y mantequilla porque el resto de los ingredientes estaban en la casa. Pero no había dónde prepararlo, tampoco en qué hornearlo. Lo primero se solucionó echando mano de una paila, lo segundo, comprando un molde en el supermercado. También necesitábamos un paño de plato. Incompleto lugar hallamos para comprar. Nunca llegamos con paño. También se nos olvidó el limón. Para la ralladura. Lo reemplazamos por hojas secas de una planta de marihuana. Nos besamos antes de comenzar. No parábamos de reímos después de comer.

Rosario Tijeras


"Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte".

(Jorge Franco, Rosario Tijeras)

Nietzche

Está muriendo un Dios en el centro de un ópalo del color del crepúsculo.
Está muriendo una hoja de hierba en el pecho de Cristo.
Está muriendo una rosa al aire estancado de la catedral de Maguncia
Traspasada en el aire por una quemante agoja de sol...

(Extracto del poema Nietzche, William Ospina)

22.12.05

Noche


Su sonrisa lo deslumbró y entre rumba y rumba supo que esa diosa mexicana se le había metido en el corazón. Una noche, bajo las luces de la ciudad colonial, el muchacho de Caracas algo le dijo al oído. Una promesa, tal vez un poema, una canción quizás. Eso nadie lo sabe. Sólo la noche cartagenera.

Betty, la Palenquera























Un día salió de San Basilio de los Palenques y llegó a la ciudad, a Cartagena. Era su primer día de clases. Esa tarde regresó a su rincón africano con los ojos hinchados de tanto llorar porque sus compañeros le decían negra inútil. Y así la hitoria se repitió en varios ámbitos, como en aquella casa donde trabajó soportando a esa ama de casa que la correteaba con una escoba cuando hacía mal las cosas. Negra inmunda, le decía. Sólo le faltó el látigo. O dejarla que se secara al sol amarrada a un palo como solían hacerlo con sus antepasados en la época de la colonia. Betty tiene 24 años y un hijo de dos a quien llamó Keyner, un nombre que inventó juntando letras, buscando sonidos. Hace poco le enseñaron a las negritas de Palenque a hacer masajes y resultó que salieron todas en masa a las costas de Cartagena a vender su talento relajante de manos grandes y fuertes. Pero Betty, como no acosaba a sus clientes como el resto de sus coterráneas, se fue quedando con poca pega y escaso dinero para llevar a su casa que comparte con su madre ya vieja y sus hermanos pequeños. Su padre emigró a Venezuela. Nada sabe de él. El padre de su hijo quien sabe por donde anda. Se fue el mismo día que ella le contó que esperaban un hijo. Claro que lloró, lloró como condenada. Pero ya fue. Ya no cree en los hombres. Ni siquiera en esos españoles que tanto desean esos labios gruesos y le prometen llevarsela de esa tierra pobre a conocer el mundo de las luces. Un día la encontré en La Boquilla, con la mirada perdida en el mar. Angustiada. Recordó que alguna vez se enterró un cuchillo en la muñeca, pero que no alcanzó a morir porque su hermanastro la recogió y curó sus heridas. Sus motivos para entrar por esa puerta eran muchos, pero el más importante era que quería terminar el colegio y todo indicaba que ya no iría más. Mucho menos a la universidad. Por pobre, por negra. La vi caminar sobre la arena descalza, con un balde en la mano, crema en la otra, intentando vender sus dones de masajista, regalando muestras para ver si alguien se tentaba. La vi sentarse bajo un toldo con la cara cansada y los bolsillos vacíos. La vi llorar una vez más. De rabia e impotencia. Sospeché que quería salir huyendo a un lugar más digno. Quien sabe donde. Entonces, de pronto ´se levantó y siguió caminando, buscando cuerpos cansados. Juntó unos pesos y fuimos a comprar leche para su querido Keyner. Y una compota. Y un dulce. Y una sonrisa. Nos separamos en la Calle de las Carretas, en el centro histórico, por donde alguna vez pasaron sus ancestros caminando detrás de sus amos con las sombrillas sobre sus cabezas protegiéndoles de ese sol que para ellos era tan cotidiano. Apretó mi mano muy fuerte y me dijo que no me olvidaría. Yo tampoco, le respondí. La vi perderse por esas callejuelas, entre la muchedumbre, caminando como una pantera.

10.12.05

Cartagena dia uno


Llegué ayer a las cuatro de la tarde al aeropuerto de Cartagena de Indias luego de viajar una hora desde Bogotá en un avión pequeñito. Qué se yo que modelo era. Al fin me tocó el asiento al lado de la ventana. Impresionante. Desde arriba pude ver que Bogotá no es menos abigarrada que Santiago. Luego se me perdió esa ciudad tan cálida y sólo pude ver motas de algodón al lado mío. Mi compañero de asiento era un cartagenero que tenía una empresa multinacional de seguridad. Se llamaba Francisco. Extraño conversar con un empresario que se siente de izquierda y que sabe más de política nacional que nadie. Muy culto y amable. Hasta ese momento fue el único colombiano que no me preguntó mi estado civil. El tipo viajaba a Cartagena a la investidura del alcalde de la ciudad que se celebraría en la plaza de la aduana. Su hermano iba a ser parte de este gobierno local y él no podía faltar, aunque no le agradaba mucho la idea de estar festejando a alguien que hace siete años ya había sido alcalde y salió del municipio directo a la cárcel. ¡Que ignorante es la gente como para reelegir a un ladrón¡ me decía furioso. Aquí en Colombia todo puede pasar, insistió a modo de consuelo. Pese a ser un cartagenero más (nacido y criado en esta ciudad colonial) las costumbres de su tierra natal no le agradaban mucho. Me ha dicho que acá la gente vive como si estuviera en la colonia. Todo antes de llegar. Y sí, se puede decir que la modernidad no es un tema. Pero eso hace a esta ciudad más acogedora. La gente habla perfecto castellano. Si tienen que atenderte, lo hacen de manera afanosa: ala orden, dicen como si estuvieran dedicando su vida en ese minuto. Escribo desde un hotel que me recomendó el capitán del avión que me trajo hasta acá. Lo conocí mientras me comía una paella colombiana en el aeropuerto El Dorado. La garzona me preguntó si no tenía problema en compartir mi mesa con el capitán y le contesté que no. El patio de comidas no contaba con muchas mesas así es que ahí se mezclaba de todo. Lo que no sabía era que ese sujeto pilotaría la máquina a la que yo me subiría una hora más tarde con el miedo que me provocan. Lo lamentable fue que durante nuestra conversación me ha contado historias terribles de secuestros de aviones. Todas ocurridas durante los últimos meses. Esto me produjo terror por un lado, pero muchas ganas de conversar con algunos de esos dementes. En especial uno que burló la seguridad portando dos granadas en su silla de ruedas y amenazó a la tripulación con hacer explotar el avión si no le daban una pensión justa. Está preso en un pueblo cercano a Bogotá. Porque claro, el hombre era un cándido que jamás supo cómo se secuestraba un avión, al menos exitosamente.
Bajé de esa nave con mi amigo el empresario y sentí que me ahogaba con ese aire espeso como vapor de sauna. Y ahora está fresco, me dijo. Nos separamos y tomé un taxi cuyo conductor tenía tantos años que apenas me escuchaba. Le tuve que explicar mil veces donde iba. Después de darme mil vueltas pude llegar. Como venía recomendada por el capitán el descuento que me han hecho en el hotel fue suculento. 50%. Regatear es fácil. La plata no es algo muy relevante por aquí. Y mis morlacos no son muchos para diez días de estadía. El local no es un lujo, pero es acogedor. Tiene cabañas con techo de totora o ramas gruesas. Es como estar en la selva. Con mosquitos incluidos. Son las nueve y media y he dormido desde las seis de la tarde de ayer viernes. Tenía tantos planes para realizar, pero este clima me dejó tumbada en mi cabaña. Me quedé dormida escuchando el crujido del vetusto aire acondicionado que cuelga de una pared que casi se cae a pedazos. ¿Dónde vine a parar?
Pero esta mañana me puse a recorrer el lugar y el panorama cambió. Lo primero que vi llegando al restaurante donde me sirvieron huevos revueltos con tomate y cebolla, arepas fritas y limonada frappé, fue el mar caribe. Inmenso. Caliente. Rodeado por palmeras y sillas donde reposar. Un sueño. No me movería en meses de aquí. Luis Hernández es mi anfitrión. El y sus compañeros de trabajo tienen la piel negra. Y se ríen de cualquier cosa. Coquetos y coquetas.
Ahora voy a ir a buscar un pueblo de por aquí que se llama Palenque donde según me dijeron, la población todavía habla africano.
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