22.3.06

arriba de la chancha

arriba de la chancha
me fui pedalenado pa donde mi abuela
no llevaba ni una vela
solo quería su cobijo
de tanto regocijo
me tuve que venir a pie
y hasta aquí llegué cargando toda su sabiduría
de mujer bella y engreida

10.3.06

primer día laboral o de regreso al trabajo


primer día laboral o de regreso al trabajo
cayó el rojo del semáforo
la mujer deslizó la mano por la pierna descolorida
afixiado de ardor, el joven le rogó que no lo hiciera
pero la diabla se lo agarró como si fuera a salir huyendo con él
ay, dijo él,
otro agarrón
¡no seas bruta!
segundos después estaba calladito
escuchando el seseo de aquel vaivén de boca mujeril
con ese suave cosquilleo de allá abajo
inquieto, pero feliz
y el semáforo pasó a verde
y luego a rojo
y a verde
y a rojo

9.3.06

SANTIAGO EN MARZO


En un escaño del paseo Ahumada había escupo.
Alguien quería que nadie se sentara allí
Como no había donde más descansar
Ahí me quedé
Claro que traté de esquivar las babas
Luego un hombre con barba de cien años, vestido apenas con un pantalón se sentó a mi lado
Olía a muerto
¿Qué signos se me estaban presentando?
Era toda una clase de semántica
Entonces decidía pararme
Pues no soportaba más el olor de aquel señor
Y uno de esos mimos que se pasean por esta peatonal me hace uno de sus figurines
Le sonreí al estilo chilensis
Me creyó y al fin tomó a otro por monigote de su espectáculo.
Caminé hacia el kilómetro cero de Chile y ahí, en plena plaza de Armas de Santiago
Me puse a escuchar a un pastor
No sin antes proveerme de unas buena papas fritas
El enviado tenía demasiadas esperanzas
Algo muy malo debe haberle ocurrido como para soportar el sol durante todo un día
Y gritar alabanzas
Más allá, los pacos detenían la función de un par de humoristas que por coqueros echaron de la tele
La gente, el público improvisado reclamó
Y todo siguió como antes
Luego alcé los ojos y miré las formas de la Catedral recortadas contra el sol
Arriba las nubes en pinceladas sobre el celeste
Un grito de horror me sacó de la contemplación
Un robo de celular había acontecido
Le presté la atención mínima
La misma que mis coterráneos
La suficiente como para saber quien, cuando, donde
Una pareja se sentó a mi lado y comenzó a besarse
Sonaba el tráfico de saliva
Decidí pararme nuevamente
No tanto por pudor ni asco
Como por apuro
Por orinar
Un baño
Urgente
Pensé
Había que pagar
Y ya me había gastado los últimos morlacos en las papas
No importa
Miré el reloj
Aún me quedaba una hora
Había postergado por semanas arreglar mis lentes
Un minuto más, un minuto menos
Caminé hacia la iglesia de Santo Domingo
Grande, linda, fría
Una muchacha en la entrada me ofreció santitos
¿cuál es el patrono del trabajo?, le pregunté
en dos minutos ya estaba adentro con una estampita de San Pancracio
La necesidad tiene la cara que tiene que tener
Cuando salí de la iglesia el sol ya se estaba esfumando
¿En qué me demoré?
Conversando con fieles que creen más que yo
La muchacha de los santos le daba de comer a su bebé
Observé como lo mudaba
Sentí ganas de preguntarle muchas cosas
Deformación periodística enquistada
Callé
Seguí mi camino
Busqué mis gafas
Tomé la bicicleta
Regresé a casa
Vi a un ladrón de autos a punto de dar su golpe
Lo miré
Me respondió con ojos de odio
El único refugio estaba cerca
En Salvador con Irarrázaval
Junto a mis enanos

6.3.06

Cuatro veces una ventana




La puerta de oro


Mirando el manual de instrucciones,
pretendía abrir la puerta de oro.
Había oído
que adentro vivía la dicha
en barras pesadas,
lingotes jugosos
de brillante esperanza

cesantía sin valentía


Así andaba caminando por esas calles de Buenos Aires y pensaba que la raza era la mala. Mi raza chilensis. Una mezcla extraña entre cinismo y falta de cortesía. Odié tener que regresar a mirar las caras largas, amargadas o borrachas. Busqué la cordillera y como no la encontré, sentí alivio. Nada de encierro. Teñí mi cabello con blondor para ver qué caras ponen las viejas agrias cuando vaya a comprar a la feria. Aunque es cierto que también lo hice por vanidad y desesperación. Todos saben que me pinto el pelo cada vez que entro en crisis. Y mi actual crisis tienen como centro la falta de trabajo. La cesantía es como una gran pata aplastándote el coco. Pero también el corazón. Estrujado.