26.12.06

basura en valparaíso

permitido tirar basura o sanidad mental aplicada a la GENTE

póngase en un escenario como éste: imagine que arroja sus puchos en la acera y que tira por la ventana el palito del helado que acaba de comprar a $100 en la micro y que acompaña el gesto con el lanzamiento del envoltorio del mismo cayendo justo sobre el mojón número 367 de Valparaíso. Visualice que, por si fuera poco, se queja usted de que Valparaíso es una ciudad sucia y que piensa que alguien debería hacer algo. imagine que alguien quiere hacer algo y usted, rodeado de basura hasta el cuello, piensa que son sólo promesas y que nadie le preguntó cual era la real solución al problema.

Entonces, en ese momento excelso de meditación, proyecte que la ciudad se llena de papeleros, de esos que hacen tanta falta y por cuya ausencia todo el mundo se queja.

También le podemos inventar un bello jingle y hacerlo pasar día y noche por la radio más popular de la aldea, comprar un espacio televisivo al más alto precio. En fin, aplicar una campaña en la que un hombre de voz gruesa y un coro de niños cantores le indiquen que deben cuidar su patrimonio.

Pero, unos minutos más tarde, imagine que el cántico se le hace insoportable y que si llegan a caer folletos explicativos del cielo lo más probable es que vengan con el mismo cuento.

Le aseguro que gastaría menos energía en creer que la solución técnica al problema viene y que la falta de confianza se logra con voluntad y no pensando que el problema de la basura es endémico y jamás se va a solucionar por tanto inepto dando vuelta.

mi dinámica desorbitada

mi dinámica desorbitada

así describo mi rumbo de hombre terco

los colores amontonados en mi retina

mi pulso por agruparlos

una impronta caballeresca, noble como mi parentela

la del espigado obrero de las imágenes

raro, dulce, macho reservado

amante de lo cotidiano y mesurado

militante de la ignorancia

buscador de tesoros burdos

(útiles tan solo para mí)

la felicidad en mis llagas

llenas de ua gota de sangre

y de amargura y dulzor

la mezcla vial perfecta

en la noche en que las flores juntaron sus aromas

en un putrefacto olor a seda

22.12.06

LA CHINOSKA (Entrevista realizada en 2002 publicada en The Clinic)

Clara Morales, La Chinosca

“EL QUE ME LA HACE, ME LA PAGA

Me llamo Clara Morales Oyarzún, pero me dicen Chinosca. Nací el 30 de octubre de 1957. Soy de signo Escorpión, del ‘decanato’ de los vengativos. Pueden pasar varios años, pero yo no olvido. El que me la hace, me la paga. A los 23 años me tiré a mi primer finado a balazos. Al segundo, le hice una Z en el estómago. Murió desangrado. Por eso estuve en cana. Y por eso también, me hice famosa. Llegué a la tele. Ahora soy un personaje público, pero cesante. Me han ofrecido ser asesino a sueldo. Sólo le pido a Dios que me ayude a no matar, aunque hay algunos que se lo merecen.

Por Alejandra Delgado

En el reportaje que te hicieron en televisión cuentan que tu defendías a las putas. ¿Todavía las proteges?

-Sí, porque yo nací de una de ellas.

¿Tu mamá era prostituta?

-Sí, lo hacía por nosotros. Yo estaba chica, tenía como doce años y más o menos me daba cuenta que mi mamá salía todas las noches. Yo le preguntaba a mi papá en qué trabajaba mi mami y él me decía que era garzona, pero cuando ella llegaba, ahí es cuando le sacaba la cresta.

¿Le pegaba por ser prostituta?

-No. Le pegaba porque era bueno para pegarle. Le pegaba siempre. No lo hacía ni de curado, sino de celoso. Es que mi mami era como la Marilyn Monroe. ¡Era linda!.

¿Y qué hacías tu cuando tu papá le pegaba?

-Tenía ganas de crecer rápido para poder defenderla porque me daba impotencia. Yo lloraba porque no podía hacer nada. Por eso, como a los 14 años me fui de la casa. ¡Estaba chata! porque más encima me ponían vestidos y esa hueá me caía mal.

¿Por qué?

-Porque me humillaba ser mujer. No quería que me pegaran. Eso de ver de tan chica las golpizas que mi papá le daba a mi mami, es una gueá que me cagó sicológicamente la mente. Así es que yo decía: ‘cuando sea grande, a mi nadie me va a pegar’. Me ponía los pantalones de mi hermano, pero mi taita me pegaba. Cuando estábamos haciendo las colas de la JAP, me sacaba los sostenes y me agarraban a charchazos. Es que yo odio tener pechugas. Por eso, todo lo que fuera prenda femenina, salía pa’ fuera. Y si me tiraban un piropo, yo me enojaba, me devolvía y les pegaba.

Y cuando dejaste tu casa ¿para dónde te fuiste?

-Me fui para la Alameda y me empecé a juntar con los pelusitas de la Plaza de Armas. ¡Me la jugué!. En esos años estaban demoliendo el Teatro Santiago y ahí yo cantaba.

¿Qué tipo de música cantabas?

-Flamenco. Es que por la voz, ¿cachai?…

Es bien ronca…

-Es bonita, ¿verdad?. Por eso me gustaría ir al programa del Camiroaga a cantar y que después me graben un CD.

¿Ganabas plata cantando en la calle?

-¡Si poh!, ganaba monedas.

¿Y en dónde dormías?

-Vivía con las “chiquillas”. Yo cantaba arriba del biombo de la Plaza, entonces, las niñas se allegaban a mirarme porque les gustaba como lo hacía. Yo las veía y ya me daba cuenta que eran prostitutas. Como ellas no tenían plata pa`l hotel y yo no quería quedarme durmiendo en la calle, les decía: ’vamos’. Ellas pagaban el hotel, pero con mi plata.

¿Las protegías porque te acordabas de cómo lo pasaba tu mamá o porque igual te atraían?

-No, ¡para nada!. Nunca me gustaron. ¡Jamás!. Yo las respeto mucho porque hay que saber echarle para trabajar en eso. Imagínate, soportar lo que soportan ellas. Estamos hablando de las putas de la calle, no las de ahora que están más encarpadas.

LA Z DEL “EL ZORRO”

¿Qué ha sido lo más terrible que has hecho para defender a una de ellas?

-Bueno… el último homicidio.

¿¡Te piteaste a alguien!?

-¡Sí poh!. Estábamos en la onda jarana en la casa de la Claudia, allá en Diagonal Cervantes con San Antonio. Ella era la cabrona. En ese tiempo, yo andaba de “mecha”, o sea, robaba en las tiendas y después les vendía a las “chiquillas” el impulse, la colonia… ¿cachai?. Era fin de semana y no me quería irme pa´la casa así es que pasé donde la Claudia a tomarme mis traguitos. Estaba métale whisky y me puse a bailar Lambada con una niña. Lamentablemente, era la señora del cafiche. El loco se puso celoso y yo no quise bailar más con ella, porque no quería tener problemas. Siempre evitando el peligro.

¿Pero si tú ya estabas fogueada?, ¿o no?

-Es que siempre ando evitando el peligro porque yo me conozco mi violencia.

¿Eres muy ruda?

-Sí. Eso sí tiene que ser mucho. Y esa vez ¡fue mucho!. Cachai que el loco empezó a decirme toda la noche: ‘te las voy a dar, te las voy a dar’. Entonces, ¡puta!, que te estén hueveando tanto, ¡no pasa ná poh!. Hasta que le dije: ‘Ya, ¿sabís que más?: ¡Yo también peleo!’.

¿Y?…

-El loco estaba con otro loco y me dijo: ‘si le vai a pegar a mi amigo, me tenís que pegar a mí también’. ¡No sabía na’ que a mí ya se me había despertado el diablo!. De ahí me agarraron los dos a patadas y me rajaron la camisa y como no uso sostén, se me vieron los senos. Sentí vergüenza. Estaba endiablada total porque eran como las diez de la mañana y estaban abriendo los locales. Había caleta de gente mirando. ¡Me sentí humillada!. Cuando los locos vieron lo que habían hecho conmigo, se metieron a la casa de la Claudia y yo me metí pa´dentro también, detrasito de ellos. Pesqué un cuchillo y les dije: ‘ya conchadetumadre’ y le hice una Z en el estómago, como la Z de ‘El Zorro’.

¿Lo mataste?

-No, el huevón quedó ahí tirado. Mi intención no era matarlo, pero resulta que en el carrete participaron unos pacos de la Primera Comisaría. La negligencia fue de ellos que estando al lado del retén, no avisaron y dejaron al hombre desangrarse. Si incluso le quitaron unas joyas al finado para hacer que pareciera un homicidio. Yo me pregunto: ¿de quién es más delito?: ¡de ellos, poh que lo dejaron morir!. Después, los mismos pacos que habían estado en el carrete fueron a buscarme a mi casa porque, según ellos, querían conversar a la güena conmigo, pero ¿vos creís que yo estaba ahí?. ¡Ni cagando!.

En ese momento. ¿Te fuiste presa?

-¡Para nada!. Yo tenía una pareja y le dije lo que había acontecido. Ella no me creyó. Cuando vio el diario al otro día, le confirmé que el hombre había muerto y que no hallaba que hacer. Es que yo ya había matado a alguien antes.

Según leí, fue a un hombre que le había pegado a tu hermano, ¿cierto?

-No, ¡eso es falso!. La tele la cagó para echar mentiras. Yo a mi hermano lo protejo porque es más chico, pero de que él pelea, ¡pelea!. El se defiende sólo.

Entonces ¿porqué mataste en esa oportunidad?

-A mí me pegaron un puntazo aquí ¿cachai?

La Chinosca muestra una de varias cicatrices. Le pregunto por la más grande que le atraviesa todo el estómago, si acaso se trata de una cesárea. Pero ella no tiene hijos, por lo que me contesta: “Es que ahí nos fuimos para otro finado”…

-Bueno, resulta que habían como cuatro locos que le habían pegado a mi hermano, entonces yo fui a pelear. Entonces, como yo me había tomado unas anfetas y una botella de pisco, me puse a luchar con uno de ellos. Ahí se me tiraron los cuatro y el compadre me pegó un puntazo que me jodió el páncreas y el hígado. Casi me morí, pero me arranqué de la tumba. Cuando salí del hospital, este compadre se paraba en una esquina y empezaba: ¡ja, ja, ja, ja!. Yo andaba con puntos y lo único que podía hacer era mirarlo. ¡Quería puro mejorarme!. Ahí yo pensé: ‘a este huevón lo voy a despachar’. Pa’ un año nuevo, lo pillé en restaurante y le mandé dos balazos. Ahí quedó.

¿Te cayó la policía encima?

-No, a mí la policía nunca me ha atrapado. Las dos veces que estuve presa, al menos por homicidio, primero 5 años y 1 día, después 18 meses, fue porque yo me he entregado.

Dicen que el asesino siempre se defiende

-¡Obvio!. Si el muerto no habla.

Chinosca, dime la firme, ¿Cuántos finados llevas en el cuerpo?

-Dos no más.

¿En serio?

-¡La dura!. En todo caso, de repente le pido a Dios que me ayude para no volver a matar. Pero a veces, hay personas que se lo merecen. Tengo a varios en la lista. Lo que pasa es que, de repente, cuando estoy tranquila, voy caminado y no falta el que me dice: ‘¿qué pasa con vos?’. ¡Te provocan!.

¿Porqué crees que te tienen mala?

-¡Porque los huevones son huevones!. Digamos que no les agrada verme en la calle, ¿cachai?. En mi comuna, La Pintana, hay cabros que caminan como choros, hablan como choros, se visten como choros, pero ¡no son choros!. Porque aunque seai del barrio, si a ti te ven pasar y te pueden cagar, ¡te van a cagar!. ¿Porqué tienen que ser así me pregunto?. Yo, en cambio, me considero una de las buenas, aunque ahora ya no ejerza por que ya tengo mi edad y no quiero más cana… Pero ponte tú, yo te tomo una micro, te llego al centro y puta… sacarle género al Falabella o al Almacenes París, ¡es como sacarle un pelo a un gato!. Pero esperar a mi vecino en la esquina, que viene recién pagado para cogotearlo, dime tú ¿es de choro?.

No

-¡No poh!, es de maricones. Por eso hay como una rivalidad. Por ahí me dicen: ‘¡guarda, que viene Superman!’. Y los vecinos se alegran de tener alguien que los salve.

O sea que te temen, pero también te admiran?

-Exacto. Cachai que todos estos tajos que tengo aquí (apunta su cara), es porque me han pegado entre ocho, diez, mínimo han sido cinco. No importa, me pegan, pero después me cobro de a uno por uno.

¿Y te han pegado mujeres?

-No, puros hombres.

¿Les tienes bronca a los hombres?

No, por que tengo buenos amigos en La Legua, La Victoria, La Caro… Gente buena, que viaja para Europa. Si yo nunca quise atacar con un pasaje, es porque siempre el ego de la gente chora ha sido viajar con la plata de uno. Pero a mí me han invitado.

“ME GUSTARÍA LLAMARME JUAN GABRIEL”

¿Te gusta llamarte Clara?

-¡Nooo!.

Es un bonito nombre

-¡Qué va ser bonito!. ¡Lo odio, lo odio!. Es el nombre de mi abuela Clara, la finada. Y mi segundo nombre es De Las nieves, puta, ¿faltó que me metieran a monja!. Si pudiera cambiármelo, lo haría.

¿Y qué nombre te pondrías?

-Juan Gabriel, Ahhh!

¿Porqué te dicen Chinosca?

-Por mi abuelo que le decían Fumanchú. Y además, dicen que cuando me río, me achino.

¿Con quién vives?

-Con una amigüita que tiene 17 años. Se llama Paola. La rescaté de un cafiche. El loco más encima era su marido y la mandaba a robar. Estoy bien con ella, pero me hace rabiar. Es que como no es adulta, a veces no me entiende que tiene que comportarse como una dueña de casa. Que me tiene que lavar la ropa. No le pido que me cocine, porque no sabe, ¡pero que atine!. Es floja, pero igual la quiero. Capaz que con el tiempo…

¿Tu crees que se va a ir?

-Si es una paloma, ¡que vuele entonces!. Y si vuelve, es porque me quiere. Y si no, es porque nunca me quiso.

Parece que has pololeado hartas veces…

-Schhh… ¡He tenido más mujeres que Julio Iglesias!.

¿Has tenido parejas hombres?

-No. Por que el solo hecho de ver como le pegaban a mi mami, me hizo pensar que yo iba a aguantar que un huevón me pegara. Y a estas alturas, yo ya soy así y no puedo cambiarme.

¿Y nunca alguna polola te pegó?

¡-Ah sí!, una me pegó un puntazo en el pecho y me mandó a la UCI. Además me mordió. Era carnívora la loca.

O sea que igual te hizo lo que tu no querías…

-¡Pero es que era una mujer celosa!.

¿Te portaste mal con ella?

-No. Es que como soy comunicativa y me gusta conversar, de repente se pasan rollos. Piensan que una se anda haciendo el turrón de amor y nada que ver. Uno anda conversando y ahí te hacen el atado.

¿Nunca más la viste?

-Sí. Lo que pasa es que esta loca era casada. Tenía a su marido en Colina y me la agarré por tres años más o menos. Era mi comadre, La invité a quedarse porque ella tenía problemas en su casa. Dormíamos en la misma cama y ella se me tiró. Y tú sabís que la carne es débil. Además, estaba con las tareas atrasadas.

¿Estuvieron enamoradas?

-No sé si habrá sido amor o estaba esperando que saliera el marido, porque apenas salió de la cana, se fue con él.

Y tú que te vengas de todo el que te la hace, ¿no la buscaste para matarla?

-No. Por que ella tiene familia y yo no. Es obvio que si yo me ‘envenaba’, la loca me iba a echarme a toda su gente.

¿La Chinosca tuvo miedo?

-No, ¡para nada!. Pero, le deseo todo lo mejor.

¿Quién ha sido tu gran amor?

-Mi mamá. Después de la madre, nadie te quiere más. En todo problema, ella estaba conmigo. Mientras que la pareja no. Te ayudan en el momento que estai bien, pero en el momento que hay drama, ¡ahí te dejan tirada!. Las minas son mentirosas porque te aman por la temporada. Yo creo que soy como un pasatiempo para ellas porque cuando se separan de mí, ellas siguen siendo mujeres y se buscan un marido.

Te han abandonado

-Hartas veces. Pero no me afecta porque yo pienso: ‘ya sé donde hay más’

¿A dónde?

-Por ahí, por ahí. En todo caso, yo nunca me les he tirado, porque puedo pasar un chasco. Espero que ellas se me tiren.

Pero, ¿tu técnica tendrás?

-Es que en la mirada tu ves si les gustai. Yo a ti, por ser, te estoy mirando sano y tú también a mí. Pero si me mirai con los ojos del amor, yo también te voy a mirar con los ojos del amor.

SI PUDIERA, ¡ME MATARÍA!

¿Qué haces durante el día?

-Cuando hay feria, de repente ayudo…De repente mis vecinos me salvan con un plato de comida…

Se le quiebra la voz y llorando continúa

-A veces… me dan ganas de irme de esta vida.

¡Porqué!

-Es que no me dan ganas de seguir viviendo.. Es que no quiero ser así como era antes. No quiero vivir a la sombra, porque es como estar muerto en vida. Estai sola, con frío, con ganas de nada.

Pero ahora estás libre…

-¡Pero sin pega!.

¿Y qué te gustaría hacer?

-A veces, llegan locos que me dicen: ‘¿sabís que?: te tengo una pega. Quiero que le pegís un balazo a alguien y te doy tanto’. Algo así como un asesino a sueldo. Yo los escucho no más y le pido a Dios que me ayude y que los ayude a ellos por que no pueden pensar así.

¿Nunca has pensado en hacerlo?

-Igual la pienso, ¡pero no lo hago!… Prefiero seguir como estoy, cagándome de hambre, de frío, pero no hacerlo. Es que si fuera por plata, ¡a cuanta gente ya la habrían eliminado!. Lo que yo hice, lo hice en defensa propia, ¡no por plata!.

19.12.06

Antonio Gamoneda, poeta

Va a amanecer. Hay noche aún sobre tus llagas.

Ya vienen los cuchillos del día.

No te desnudes en la luz, cierra los ojos.

Quédate en tu cama sangrienta.

Delon Delon




Sur ton visage une larme
Vient de couler en silence
A l'instant où je t'ai dit tristement :
"Je m'en vais demain..."
Sur ton visage une larme
Et soudain je réalise
Que je ne pourrais demain te quitter
Ni demain ni jamais
Je n'osais plus croire
Que ce jour viendrait
Tout près de moi
Tu étais si loin
Mais tes pleurs ont changé ma vie
Une larme, une seule a suffi
Sur ton visage une larme
J'ai compris sans plus attendre
Que ton cœur brûlait autant que le mien
Depuis déjà bien longtemps

Je n'osais plus croire
Que ce jour viendrait
Tout près de moi
Tu étais si loin
Mais tes pleurs ont changé ma vie
Une larme, une seule a suffi
Sur ton visage une larme
Aussi douce qu'un je t'aime
S'est fané pour laisser place à l'instant
Au sourire de l'amour
De l'amour...
De notre amour...

15.12.06

mi amado alcohol

de blanco y de negro el puerto


valparaíso ensoñado



FOTOGRAFIA INDEPENDIENTE /VALPARAISO











"Hace diez años que vivo en Chile. Crecí en Francia junto a mi familia, que tuvo que exiliarse. Mi Chile era el que me contaban mis adultos. Las sesiones de diapositivas, las canciones de sobremesa. En 1996 decidí apropiarme de mi país y para eso emprendí un viaje en barco: Anvers, Canal de la Mancha, Bilbao, el Atlántico, Puerto Príncipe, Puerto Cabello, Puerto Cristóbal, Canal de Panamá, el Pacifico, Guayaquil, Puerto Callao, Valparaíso. Durante esos 45 días de viaje no estaba en Chile ni en Francia. Cuando llegué, revelé decenas de películas. Hice contactos, copias de lectura. Pero no pude contar nada. Quería mostrar mucho; El barco, los puertos, los encuentros. Hoy, 10 años después, viviendo en Valparaíso, retomo los contactos... Y ya sé por qué hice ese viaje. Ahora me es más fácil elegir las fotografías. Seleccioné unas 20. Son las que cuentan mi viaje sin nacionalidad".

RODRIGO GOMEZ ROVIRA

10.12.06

ADIOS GENERAL


Cuando era niña vivía en un barrio tranquilo. Una cooperativa de 50 casas entregadas en 1970 bajo el gobierno de Salvador Allende en una comuna que más tarde se convertiría en una de las más populosas de Santiago. Hasta entonces La Florida no eran más que grandes extensiones de terreno con haciendas patronales en donde todavía era posible ver huasos montando a caballo y largas alamedas, el inmenso macizo andino tan cerca de todo. La gracia de un lugar así, escenario de la nueva clase media chilena, fue que pudo resguarase de todo, de las lluvias, de los cuatreros, de las noticias sobre cuerpos que aparecían bajo el peso d ela noche. Pinochet era el terror, pero nosotros, los niños de aquel barrio sólo sabíamos jugar y reir. Claro que yo de intrusa me enteré de mucha mierda que daba vueltas a nuestro alrededor. Como mi padre era suplementero, después de cada jornada laboral traía a casa la devolución de diarios y revistas de la época. Así me encontré con la prensa de oposición y las macabras historias de la dictadura del viejo que acaba de morir. Fue malo. Bien malo ¿Quien puede dudarlo?. Cuando nací en 1974, él, ya era tema. Hoy Tengo 32 y salgo a la calles con mis hijos a celebrar porque se acabó la dictadura. Sólo hoy terminó. Salud!

9.12.06

ITINERARIO DE RODAJE

Hace unos días recorrí ciudades rurales con seis argentinos. Balbuceaban imágenes muertas: el rito de un general argentino y sus seguidores por la cadena montañosa del cono sur. Todos lo sabíamos: San Martín era un héroe muerto. Enterrado hace tantos años. Cada rastro hablaba de él como si estuviera aún entre nosotros. Sin embargo, sospecho que coincidíamos en respirar algo más que historia republicana.

25.11.06

VARVAZAR

quiero publicar foto y texto, una especie de bloque editorial con la impronta de quien ha llegado de la nada al mundo visual. una suerte de mandarín piadoso del arte, algo relacionado con los bazares de baltazar, ese que vendía y poco cobraba porque el valor de sus bellezas le rendían más honores que el oro. la prestancia de mi oficio, no es más que la entrega de un manual amable, de la guía para compartir imágenes. Búsquedas de trazos vigorosos como osos después de la gran panzada en el parque de las colinas redondas. en el plenario de mis ideas abro este salón de encantos y aroma a jazmín, el baúl que encontré en la fragata de las luminosas naves que atracan en el puerto. limusinas sin más lunes que sus obsequios brillantes sobre el mar. entonces instalo aquí la bóveda del milagro, de tener tantos ojos abietos, inundados por el viento de la ciudad de los vientos.

desmedido

encontró la huella más cancina en el cuello del muchachín que la rodeaba con gustosos besos de manzanilla, en la piel exacta de su fugaz visión, como la mariposa candente que siempre fue. Su amigo querido que era músico, buscó por todos lados un rastro de la bella juana, la del rímel corrido, y el vestido roído. La otra que era sorda, no sabía donde guardar sus lentes de contacto que tanto tacto le habían enseñado, ya sea por la posibilidad de tener una visión general de las cosas, ya sea por el modo en que miraba, como si fuera un pioja milonguera. Cuando la pieza quedó vacía se sacó el calzón de sopetón y se metió la mano cochina, la que había metido hace poco en el manjar con nueces pasado por el cedazo del amor vago y tenue. LLovía como si el mundo se fuera a acabar en ese mismísimo minuto en que la chica ensendía el pucho maloliente como su aliento. basta de bromas, esto no es un juego. La fiesta se terminó. Mudó al segundo piso, el de las mujeres desconsoladas.

14.11.06

CIELOS DE JOSE MOGROL

José es, desde 2002, miembro fundador del colectivo fotográfico Plata[forma] y desde enero de 2005 del Estudio El Carromato (www.elcarromato.net) . Es reportero gráfico para el diario ”La Opinión de Granada”, desde el 2003. Además colabora con la agencia AP de España. Recientemente participó en la muestra colectiva BsAs-Madrid, 5ª Jornadas de Fotografías de autor, Universidad de Palermo.

En Valparaíso, es un vividor.






Joyce Cary
Ser peregrino (fragmento)

" Lo cierto es que la vida es dura y peligrosa: que aquel que persigue su propia felicidad, no la alcanza; que el débil ha de sufrir; que quien solicita amor se verá decepcionado; que el glotón no quedará saciado; que quien busca la paz, encuentra la guerra; que la verdad es sólo para los valerosos; que la dicha es sólo para aquel que no teme la soledad; que la vida es sólo para aquel que no teme la muerte. "

10.11.06

AUTOLIMITACIONES O LA CAPACIDAD QUE TODOS TIENEN DE ESCRIBIR

El taller consisitía en escribir una historia a partir de la frase "a punto de..." al que se le agregaba un verbo distinto cada dos minutos. Del experimento esto fue lo que salió:

A punto de morir estaba el viejo cuando las campanas iniciaron su repicar en la torre de la iglesia. Las mujeres de la aldea se agolparon frente a la casa del hombre para reclamar por sus objetos robados. A punto de besar la cruz que yacía en su lecho, el viejo repasó su vida como en un film. Cura, padre de dos niños, hermano, ladrón. A punto de creer que en un segundo se convertiría en un buen hombre, abrió los ojos y clamó en voz alta: "Perdóname Dios, perdóname". Gemía contando los segundos que le quedaban en la tierra. Su rostro, cada vez más demacrado, presagiaba el provenir. Afuera, las viudas insistían en sus reclamos. A punto de nacer, el hijo bastardo del moribundio empujaba el vientre de su madre, la mujer que por años fuera la secrretaria del presbítero. Nada sabía de su agonía a punto de pensar que saliendo de la maternidad expandería el rumor por el pueblo, la burla de su incesto sagrado. Nunca imaginó el rumbo que tomarían las cosas. A punto de empezar la noche, el hombre finalmente murió y el hijo, muerto nació.

9.11.06

Ruge mellado



"Cuando estuve en los ojos del caburga me sentí identificado con el entorno, la naturaleza, los bosques, los volcanes. Nunca había visto un volcán latente, con fumarola y todo, lo vi y dije: ¡ese es el Mellado!"

3.11.06

FIN

"Tuvo una muerte terrible. Su agonía duró seis días con sus noches. Hasta que perdió el conocimiento. Al fin murió. Su cuerpo ya se podría por las úlceras producidas por las ratas. El cadáver se corrompió en pocas horas. Llegaron las auras tiñosas. Y lo devoraron poco a poco. El festín duró cuatro días. Lo devoraron lentamente. Cuanto más se podría, más le gustaba aquella carroña. y nadie supo nada más."

Pedro Juan Gutiérrez
La Habana 1998

prefiero creer en los rumores

25.10.06

el padre y la hija


rara relación. pocas veces se ven. el adn traspasado. mejor no hablar de ciertas cosas. igual se quieren.





con maradonna y ronaldinho

Taller de Periodismo













TALLER DE CRÓNICAS
interesados
llamar al 09-9290385
Valparaíso
(no se dejen engañar por la imagen)

saleros

Una escribe (o eso cree hacer) , el otro forja fierros oxidados


supongo que como no tenían patio, salían a hacer gimnasia a la vereda. Ahí estaban los cabros chicos vestidos de impecable blanco, haciendo cola para salir disparados en una atlética carrera. Y por la acera pasando gente. Entre ellos, un curado del puerto. En medio de la pista, tambalénadose más digno que ebrio les grito: ¡¿Acaso está mal pedir permirso?!... "Vaya calla'o no más", le grita el profesor acompañando su fineza de un pitazo. ¡Parecís mono huevón" insiste el borracho con el chico que ahora pasa por su lado. Eso fue en Avenida Alemania. Colegio Internacional. Primavera.

18.10.06

obseso

su obsesión se llama mujer
comer el cascarón no lo satisface
un mordisco profundo
lo dejaría en paz

el funcionario


El funcionario hizo cuanto pudo para demostrar su calidad como profesional.
Quería el puesto, quería poder, quería más plata. Eso incluyó lobby, caras falsas y alguna que otra reunión políticamente conveniente. Hasta que por fin lo consiguió.
Embadurnado de alegría miró al resto con orgullo. Secretamente pensó que eran una tropa de fracasados. Sin arrugarse pidió una fiesta de despedida. "De funcionario a Gerente", podría llamarse el evento. Pronto a alcanzar los 40, lo suyo era un verdadero logro. Su pasado de estudiante revolucionario, un lastre. Hoy día sonríe feliz.

11.10.06

stand by me

los regalos de amelia

NO GIRES LA CABEZA
UN MILAGRO ESTÁ DETRÁS

No gires la cabeza un milagro está detrás
Te acecha, te quisiera por él alterado:
Esta dulzura podría sobrepasar la Tierra
Pero prefiere estar ahí, como un sueño detenido.

Quédate inmóvil, y sabe esperar a que tu corazón
Se desate de ti como pesada piedra.

JULES SUPERVIELLE
(Poeta francés nacido en Montevideo-1884)
De "El condenado inocente"
Traducción: Claire Deloupy

5.10.06

San Flaco

"sin darme cuenta voy cayendo en cruz hacia el cenit"
L.A.S.

INGRID LA GALLA GALLERA

Ingrid se autoproclama “la única gallera chilena”. Tiene 21 años y es guapa y dura como sus animales. Mientras los entrena les advierte a sus gallos que el que no guapea, se va a la cazuela. Los defensores de los animales la deben considerar un monstruo. Ella no está ni ahí. Su filosofía es simple: todos los animales terminan en una olla. Pero los suyos tuvieron la oportunidad de ser héroes.

Por Alejandra Delgado y Guido Flores Santander

Los gallos siempre la picotean. Ingrid tiene manos y piernas rasguñadas. Moreteadas. Son gallos de pelea, nacieron para agredir. Y el que puede llegar a ser un campeón se le nota desde que es un polluelo. Por eso Ingrid aguanta. Los entrena, los alimenta, los quiere ver ganar en el ruedo.
Uno de ellos se veía triunfador. Era un colorado machetón, lindo. Pero maletero. Un día en que Ingrid le estaba pelando los tutos, el gallo le dio un zarpazo y le dejó la cara sangrando.
-¡Cagaste gallo maricón!, le anunció.
Segundos después, el cogote del animal estaba retorcido entre las manos de Ingrid.
-¿Te imaginai me hubiera tirado la garra en un ojo?, pregunta como si estuviera tuerta. -Nooo... ¡El desgraciado tenía que morir!
Los gallos de Ingrid escuchan cada día su ronca voz que le advierte durante los entrenamientos: “¡Aquí, la que manda soy yo!”
Trata de quererlos a todos por igual. Pero el que no le cae en gracia corre la suerte de ir a parar a la olla.
-¡Pa’ la cazuela!- dice cada vez que un gallo es malo para pelear. Ingrid lo sabe porque el animal “pasa en el suelo. Tira patadas y se cae. ¡Malo!”.
Por eso, como en el amor, Ingrid practica eso de no encariñarse con ninguno. La última vez que lo hizo, lo pasó mal. Era un gallo ancho, de cresta grande. Tenía diez peleas en el cuerpo, todas ganadas. El año pasado la había hecho ganar el campeonato en Santiago con la “polla” -la pelea más rápida-. 40 segundos. Una joyita. Murió degollado en la pelea 11. Terrible.
-A ese no lo regalamos, tampoco lo comimos. A ese lo enterramos- revive con pesar.
Ingrid, la única gallera chilena -como se autoproclama- tiene 21 años y además de brava es atractiva. Su padre, Pedro Hernández es uno de los más importantes criadores de gallos de pelea que existe en Pocochay (V Región). Cuando Ingrid tenía 13 le dijo que tenía que ayudarlo. Hernández cojea, le cuesta. Y como el primogénito de la familia se botó al carrete y las mujeres, a Ingrid no le quedó más remedio que aceptar. Pero a regañadientes. Odiaba tener que darles agua y comida “¡todos los días!” a esos animales. Refunfuñaba.
-Después fui cachando que los gallos eran bacanes. Cuando los vi pelear ¡Ahh!... ¡Ahí ya me entusiasmé!. Y cuando ganan la satisfacción es única. Uno dice:¡Chucha! No fue en vano todo lo que hice.
Y no es poco decir.

GALLO “MAMÓN”
En la actualidad su rutina comienza a las ocho de la mañana. Agua y comida para los 180 gallos que tiene en su patio. Entonces viene el entrenamiento: Ingrid aletea a sus gallos por 10 minutos. Los corretea de allá y para acá. “pa’ que boten la grasa y estén lindos. Duritos. ¡Pura fibra no más!”.
Luego los torea con un poncho especial de color plomo. Instala a un gallo que sirve solamente pa’ hacer pelear al otro. Con el poncho lo aviva, lo domina, lo da vuelta, hace que corra, que estire las patas sueltas. Pero sin echar pico como le llaman en el deporte gallístico a la acción del gallo cuando le agarra las plumas a su contrincante antes de soltar la patada.
-Si echa pico pierde tiempo y la idea es que se adelante, explica con una voz ronca.
Agrega: “Hay gallos que son mamones, que toman solamente la cabeza y recién tiran las patas. Esos huevones no sirven. A esos los matan en breve. Pa’ eso sirve el poncho, pa’ ayudarlo a que no sea mamón”.
Usar el poncho no es cualquier maniobra. Cada entrenador tiene su secreto. Y pocos lo comparten. Pero Ingrid va a los campeonatos, utiliza sus encantos y conversa con los preparadores a ver si le sueltan alguno de sus misterios.
-Les trato de sacar información: qué vitaminas, cual entrenamiento, qué comida. Y sobre todo trata de cachar que onda con el poncho. Aunque me carga, me tengo que hacer la linda. Son poco lachos los viejos, pero no importa...
Claro, no falta el curado que se le tira. “Pero los paro en seco”, dice. “Nunca les echo un garabato, pero sin ningún respeto, les echo la foca”.
Ingrid se esfuerza por que sus gallos de peleas ganen antes de los 30 segundos, pero ninguno le ha salido tan bueno.
-Lo que ganan rápido son de Puerto Rico y cuesta mucho conseguírselos. En todo caso tiene sus debilidades porque pasando los cinco minutos ese gallo no da ni una, es un chicle parado. En cambio el chileno es aperrado.
La preparación física culmina con una buena pelea entre sus gallos. Esta vez sin cachos de plásticos que son los que les colocan en las patas. Entonces puede observar su estilo.”Que no se caiga, que vuelva al tiro. Y si se arranca... ya saben: ¡Pa’ la cazuela!”
Tipín dos y media de la tarde Ingrid hace un break y almuerza junto a su madre. Rubí, la novela de la tarde, “La del Mega”, la refresca un rato la mente.
De ahí, a pelarle los tutos a los gallos para que no se “corten”- se cansen-.
La idea es que queden impecables. Listos para pelear.

DIA DE PELEA
Dos de la tarde en Quillota. Sol. Demasiado sol. Un camino de tierra conduce al coliseo gallístico del Boco, un sector ubicado en la Quebrada del Ají donde cada domingo la “Agrupación de criadores de aves finas Camilo Enrique Vicencio” se reúne para ver a sus pupilos vencer en el ruedo. Desde la entrada se puede escuchar el canto de cientos de gallos de pelea. En medio de verdes colinas, los miembros de la agrupación edificaron un recinto de madera que se asemeja a la sede de una junta de vecinos. Adentro, el ruedo. El círculo donde se enfrentan los gallos. Ha sido pintado de rojo, “para que no se vea la sangre que salpica”, como comenta un aficionado al deporte gallístico. Al rededor hay butacas de plástico y tras ellas, galerías de madera. Todo muy sencillo. Muy familiar.
Ingrid llega en un furgón blanco marca Susuki que se quedó sin radio la última noche en que salió a carretear junto a su amiga del alma. Se la robaron.
-Chita que estai grande Ingrid, le dice un gallero porque la ve manejando.
Ella ejecuta una mueca de hastío. Siempre los mismos comentarios. Murmulla unos garabatos mientras baja a sus gallos del furgón.
En un rústico galpón que precede al ruedo una mujer teje a crochet concentrada. A su lado un niño colorín levanta en brazos a su pequeño hermano esperando ansioso que comience la primera riña. Afiches de los distintos campeonatos, tipos de gallos, normativas llamando al fair play entre los entrenadores adornan las paredes del local. Un poco más allá, un corredor muestra una hilera de habitaciones de madera. Son los gallineros, una suerte de camarín donde se preparan a las aves antes de salir al coliseo. Allí está Ingrid junto a su padre y los cuatro gallos que trajo para esta jornada.
Suena la campanilla anunciando el inicio de la jornada gallera. De pronto entra en escena “Miguel Ángel”, un gallo de catálogo: plumas rubias sobre el lomo, mezcladas con otras de azul intenso, cuatro kilos quince de peso. Todo un campeón.“Este hace maravillas con las patas”, asegura su dueño mientras le masajea las piernas rojas y le rocía un fuerte líquido con spray.
Poco después aparece “Regalo”, un gallo negro, mismo peso, misma estampa. Con suavidad, sus dueños lanzan a las aves al centro del ruedo “para que tiren las patas, para que se calienten”. Antes de tocar el maicillo del reñidero se picotean. Se miran con furia. Despliegan sus alas con fuste. Comienza el embate. El público arenga a sus favoritos.
-¡Eche pico mijito!
-¡Busque gallo!
-¡Uno más y lo tiene!
Suenan los aleteos. Se suceden los zarpazos. Vuelan plumas. Miguel Angel y Regalo se enredan. Aguantan los estoques. La sangre aflora por amplios tajos en la piel.
-Cacho, grita uno. Su gallo rompió el cacho y tiene que cambiarlo.
Hecha la operación, los animales vuelven al ruedo. Un cronómetro electrónico instalado en uno de los mástiles de álamo que sostiene la estructura del sencillo coliseo reanuda el compás del combate.
-¡Pelea de frente, mijo!
-¡No se dé vuelta!
-¡Qué está haciendo!
“Aquí los que gritan es porque van perdidos”, susurra alguien.
No se equivoca. El reloj marca los doce minutos reglamentarios y la pelea termina sin ganadores. Tabla, le llaman. Nadie celebra. Los gallos malheridos pasan directo a la “UCI”, como llaman en el circuito a la improvisada enfermería.
-¿Perdió el ojo?, pregunta alguien.
-No, es sólo un derrame, con una semana a oscuras se arregla todo, le contestan.

INGRID ENTRA AL RUEDO
Le toca el turno al gallo de Ingrid. Es un colorao machetón. No tiene nombre propio. Ingrid así lo prefiere. Dice que de ese modo no se encariña. A ella le gusta su pasión, su bravura. La fineza con que pelean.
-Se están muriendo, pero ellos siguen ahí parados, fuertes-, dice.
Los hombres del ruedo la molestan.
-Gallo maricón, gritan.
Ella eleva el mentón, sigue como si nada.
Su gallo alarga el gollete haciendo chispear su cresta, sacude el buche y lanza virulentos picotazos. Su rival le devuelve con furia. Se agarran las plumas. El de ingrid tira al otro sobre el maicillo. El contrincante se levanta rápido y manda un barajo. Otro. El gallo de Ingrid rompe el cacho. Ella, altiva, entra al ruedo. Acaricia las alas de su animal, le soba la rabadilla, endereza su pescuezo. Cambia el cacho.
-¿Como te quedó el gallo? la molestan.
Ingrid los ignora, pero su papá no. Y se lanza sobre el bocón tirándole un manotazo.
-No se rebaje a pelear con ese mugriento- le implora al padre.
La pelea sigue ahora afuera del ruedo. Hay que separarlos. El árbitro recuerda que aquí los que pelean son los gallos, no los hombres. Que este es un deporte de caballeros.
Ingrid se reacomoda. Su figura cruza el recinto menuda, frágil, incluso altanera. Sigue alentando a su gallo.
-¡Búsquele, búsquele mijo! ¡Pelee de frente!, ¡dese vuelta pues!
-Ahora si que lo despacha, dice uno.
No se equivoca.
Dos minutos, cinco segundos y el contrincante cae degollado. Ingrid vuelve a entrar al ruedo para recoger a su animal victorioso. Mira con saña y se pregunta si acaso el gallo que ha perdido será como su dueño.
Puede ser.
Ella se queda un segundo en el centro del ruedo disfrutando el placer. Su gallo acaba de matar al otro. Desplegó sus alas y cantó, tal como a ella le gusta. Ni se fija que tiene las manos llenas de sangre.

LA VIA CHILENA HACIA EL ABORTO

LA VÍA CHILENA HACIA EL ABORTO
(CRÓNICA PUBLICADA EN AGOSTO DE 2003)

Durante los últimos seis meses de la Unidad Popular, un equipo del Barros Luco realizó 3 mil abortos gratuitos y perfectamente legales. Su éxito fue tal que se pensó en extender el modelo al resto del país.
Tras el golpe de Estado, el equipo permaneció tres días encerrado en el hospital atendiendo partos, heridos y tratando de sobrevivir.
Una metáfora sobre un país que muere y otro que viene al mundo cubierto de sangre.

Por Piero Montebruno y Alejandra Delgado

Todos en el Hospital Barros Luco la conocían como “La Máquina”. Parecía estar hecha con dos lavadoras pegadas y aspiraba con un ruido suave como el de un sorbeteo. Los fluidos circulaban limpiamente por sus tubos de plástico transparente hacia los desagües. No producía dolor y era rápida.
En marzo de 1973, cuando comenzó a trabajar a plena capacidad, “La Máquina”, permitió a los médicos de ese hospital hacer casi 500 abortos mensuales.
-La intervención duraba tres o cuatro horas y las pacientes se iban a casa caminando. Yo les preguntaba si les dolía y todas me decían que no- recuerda la auxiliar Violeta Espíndola.
“La Máquina” es uno de los capítulos más olvidados de la Unidad Popular. Aquel en que se permitió a todas las mujeres del sector sur de Santiago y con tres meses de embarazo, abortar gratis, sin burlar la ley y con supervisión médica.
Entre marzo y septiembre de 1973, en el Barros Luco, el aborto fue, en la práctica, legal.
-Desde que empezamos con “La Máquina”, las mujeres no pararon de llegar. Cada día venían más. Venían de todo Chile. Simulaban vivir en la zona sur, y listo… Nosotros no podíamos negarnos a atenderlas. Venían hasta señoritas que se notaba tenían estudios o eran de situación-, describe la auxiliar María Elena Flores.
El equipo médico no tenía conflictos éticos para realizar este trabajo.
-Habíamos visto morir a muchas pacientes como consecuencia de los abortos clandestinos- explica María Elena.
-Las mujeres llegaban con palillos de tejer, con palos de coligüe, con alambres que sacaban de las rejas. Se hacían lavados con agua oxigenada, lavados jabonosos, lavados con permanganato. También se metían aspirinas. A muchas las vimos morir- recuerda la matrona Gloria Santander.
Durante gran parte de 1973 un promedio de 20 mujeres diarias llegaron hasta el Barros Luco para ser tratadas con “La Máquina”. Y la mañana del 11 de septiembre no fue la excepción.

DIA 1

La auxiliar María Elena Flores era la encargada de dar las horas para los abortos. El día del Golpe llegó al Barros Luco a las 7 de la mañana cuando la Armada había tomado el control de Valparaíso y el Presidente viajaba rumbo a La Moneda escoltado por los GAP . Media hora después oyó en la radio Corporación el primero de los cuatro discursos con que Allende puso fin a una época. Y tuvo la certeza de que esta vez el Golpe era en serio. Llamó a su madre y le pidió que juntara agua, comprara porotos y no dejara salir a los niños a la calle. Luego se dirigió a la sala de espera y les pidió a las pacientes que se volvieran a sus casas.
Las mujeres estaban al tanto de lo que pasaba, pero no querían irse. Había desesperación en el rostro de muchas.
-De aquí no me muevo- dijo una. Varias asintieron. Algunas tenían ya tres meses de embarazo y perder la hora implicaba recurrir a los abortos clandestinos.
Para entonces los tanques ya rodeaban La Moneda y el Presidente tomaba conciencia de la magnitud del movimiento. A las 9, la radio transmitió sus últimas palabras. También, los bandos militares que abortaban la UP y la democracia.
María Elena se subió a un banco y gritó.
-Dicen por la radio que van a matar al Presidente. Por favor, vuelvan a sus casas.
Apenas terminó de hablar comenzó la balacera. Y se produjo el desbande.
María Elena se unió al equipo de la maternidad para atender partos. Recuerda que su marido llegó hasta el hospital y le suplicó que volviera a la casa. Le contó que los militares estaban por todas partes. Que había muchos detenidos y heridos.
Ella le dijo que no se iba. Habían pacientes hospitalizados, mujeres que estaban por parir. Debía quedarse para ayudar.
María Elena lo acompañó a la puerta del Hospital por Gran Avenida. Lo que vio aún está grabado en su memoria. Es la imagen de las grandes alamedas vaciándose.
-Parecía como en la guerra, cuando la gente emigra. Cientos de personas se alejaban del centro caminando. Algunos llevaban a sus niños al hombro. Otros llevaban sus zapatos en la mano porque venían andando desde la Alameda. Yo me despedí de mi esposo, le pedí que cuidara a los niños y él se sumó a la marcha de los que no tenían otra que ir y meterse lo más dentro que pudieran de sus casas.
El toque de queda comenzó a las seis de la tarde. Pero ya a las tres sólo estaban en la calle los dispuestos a batirse a muerte.
-Era tanta la tensión con las balaceras, que las mujeres que estaban en el Embarazo Patológico empezaron a parir antes. Fue una cosa de locos, recuerda María Elena. Agrega: “las recibíamos, les poníamos las etiquetas y las dejábamos ahí, ¡piluchas!. No había tiempo para nada más. El 11 trabajamos toda la noche recibiendo guaguas”.
Nadie durmió. Tampoco las siguientes noches. El encierro del personal médico duró tres días durante los cuales la maternidad de transformó en un mundo aparte. Allí vinieron al mundo los primeros nacidos en dictadura.

ABORTOS

Los abortos que se hacían en el Barros Luco no eran el resultado de ninguna reforma legal. Se hacían simplemente porque el personal de la maternidad, había decidido hacer algo frente a la cantidad de muertes y lesiones graves que provocaban los abortos clandestinos.
La decisión correspondía al espíritu de una época. Durante la UP la idea de legalizar el aborto ganó terreno incluso en los sectores más impensados. Por ejemplo, en la revista Paula, propiedad de Roberto Edwards, hermano del dueño de El Mercurio, Agustín Edwards. En ese medio se publicaron varios reportajes a favor de su despenalización. Incluso, el mismo mes del golpe ese medio llevó en portada un artículo titulado “MÉDICOS SE DECLARAN A FAVOR DEL ABORTO LEGAL”.
El razonamiento que ganaba fuerza era muy simple. El aborto existía, con o sin supervisión médica. Las mujeres llegaban a los hospitales después de los más brutales intentos por interrumpir su embarazo. En el Barros Luco, morían decenas de mujeres al año por infecciones o anemia. Para los médicos de ese hospital, negarle la atención a una mujer decidida a poner fin a su embarazo era obligarla a recurrir a las aborteras. Todo el personal del sector de abortos del Barros Luco sentía responsabilidad por esa omisión.
La solución fue usar el aborto terapéutico en su sentido más amplio. Al punto que si una mujer manifestaba claramente no desear su embarazo, se consideraba terapéutico interrumpirlo.
El doctor Aníbal Faúndes fue de los puntales de esta nueva forma de enfrentar el aborto. Para él el punto de inflexión resultó ser la asamblea de marzo de 1973 en la que participó todo el personal médico del área de abortos del Barros Luco. Allí se decidió que los únicos requisitos para abortar eran vivir en el sector sur de Santiago y tener menos de tres meses de embarazo.
-Lo que permitió que todo esto ocurriera fue la participación colectiva en las decisiones, algo muy propio de la Unidad Popular. Esta decisión no la tomamos los médicos sino todo el personal del sector de abortos. Si no hubiese sido así, las auxiliares que tuvieron que trabajar el triple, no habrían aceptado. Fue el concepto de compromiso popular lo que permitió que ocurriera todo- dice Faúndes desde Brasil, donde vive su exilio desde 1973.
A 30 años de la experiencia del Barros Luco y con la sociedad chilena marchando en sentido contrario, Faúndes defiende lo que se hizo en ese hospital, como una forma participativa y humanitaria de enfrentar un problema médico.
-Aborto hubo antes del Golpe y después del Golpe y habrá siempre. Lo único que cambia es cuánto riesgo corre la mujer. Nosotros no hicimos más abortos de los que había. Sólo los hicimos menos peligrosos.

EL AVIÓN

El doctor Aníbal Faúndes estaba de turno ese martes de septiembre. Los otros dos médicos que debían acompañarlo, militaban en partidos de la Unidad Popular y debieron esconderse.
-Entré al hospital el martes 11 y no salí hasta la mañana del viernes. Agrega: “Al final, quedé sólo con algunos auxiliares, los internos, los becados y las matronas. Varias veces los milicos entraron a la maternidad. La primera vez, incluso disparando. También llegaban balas perdidas. Una de ellas entró a preparto; otra, a la sala de raspados, y se alojó en una caja de cirugía.
De las matronas que se quedaron, dos eran militantes del Partido Comunista Cuando llegaron los militares, Faúndes se las ingenió para ocultarlas improvisando una intervención quirúrgica. Pensaba que no se atreverían a ingresar a un pabellón en marcha. Pero entraron igual “con uniforme y apuntando sus ametralladoras. Yo dejé a una de las matronas cerrando la piel y salí con ellos haciéndome el leso. Al principio querían llevarme preso. Yo les dije: “si ustedes me llevan, no queda ningún médico en la maternidad y ustedes ven como está lleno de gente”.
María Elena recuerda que otro grupo de soldados irrumpió en la sala de partos:
-Entraron de sopetón, mientras las mujeres estaban teniendo sus guaguas. Ellas gritaban: ¡no me maten, no me maten!. Por los altavoces se escuchaba que pedían que la gente se rindiera. Me acuerdo que un milico me gritó: “¡¿por qué las guaguas están desnudas?!” “Porque así vienen al mundo”, le respondí. Menos mal que no me oyó.
Para la matrona Gloria Santander, el peor momento fue cuando “llegaron los aviones. Eso fue impactante. Yo estaba en el tercer piso intentando comunicarme con mi marido, cuando veo pasar frente a la ventana un avión. ¡Justo en frente mío! El avión se metió entre las dos alas del edificio y se elevó. Con el viento se abrieron las ventanas. ´Aquí se acaba todo´, pensé.
La maternidad comenzó a ser desalojada.
-A las guaguas se las llevaron hasta el claustro que había a la entrada del Hospital. Las monjas ayudaron a cuidarlas, dice Violeta.
La auxiliar Alicia Morín recuerda a un par de doctores en el techo de la maternidad tratando de derribar al avión.
-Después llegaron por lo menos tres helicópteros y comenzaron a dispararnos. Una veía las balas salir una tras otra, en filita- agrega Morín.
Durante todo ese día, María Elena recuerda el permanente sonido de una balacera. Provenía de los enfrentamientos en textil Sumar y de los combates en la población la Legua. En un momento, la balacera se hizo ensordecedora.
-Me acuerdo que por la radio dijeron que iban a bombardear el gasómetro que quedaba cerca del Barros Luco. Dijeron que cientos de metros a la redonda iban a desaparecer incluido el hospital. Sentimos pánico. Nos sentamos en las escaleras que estaban a la salida de Planificación Familiar. Nos tomamos las manos esperando que viniera la explosión. Teníamos claro que nos íbamos a morir. La balacera era tremenda. De repente se acabaron los disparos y vino un silencio sepulcral. Yo pensé que estaba muerta. Nos empezamos a tocar, para ver si era cierto. Después nos paramos y seguimos trabajando. ¡Fue terrible!
Esa noche, el doctor Faúndes le pidió un favor especial a María Elena.
-Oye, Mona. Córtame el pelo mira que si no me llevan por comunista, me van a llevar por maricón- le dijo.

DÍA 2

El 12 de septiembre no hubo locomoción en Santiago. María Elena recuerda que las embarazadas llegaban hasta el servicio caminando apenas, jadeantes, listas para dar a luz.
-Una señora llegó en estado de shock a punto de parir. Gritaba ‘¡estos milicos conchesumadre!’ Nos contó que viniendo para el hospital vio a muchos muertos en las veredas. Se quiso agachar pero le dijeron: “ya infeliz, sigue andando si no querís correr la misma suerte”.
María Elena también recuerda a una mujer que llegó con el vientre atravesado por una bala.
-Ella se salvó, pero su guagua estaba muerta. Son cuestiones que no he podido olvidar nunca.
Durante todo el día llegaron camiones con heridos. Y también con muertos.
-Los tiraban como perros en el edificio de Anatomía Patológica. Nosotros les sacábamos el carnet y los quemábamos en el incinerador. No queríamos que los milicos supieran quiénes eran y persiguieran a sus familias.

DÍA 3

Unos días después del golpe, Faúndes viajó a una reunión médica en Miami.
-Mientras yo estaba afuera apareció una lista de médicos peligrosos, todos los cuales fueron detenidos y mandados a la Isla Dawson. Mi esposa se enteró y me avisó para que no volviera. Durante 11 años no regresé a Chile.
En 1984 estuvo de paso con ocasión del aniversario de los 21 años de la Planificación en Chile y aprovechó de visitar la maternidad del Barros Luco.
La auxiliar Violeta Muñoz lo vio sentado en la escalera mirando hacia el sector de abortos. “Se le caían sus lagrimones”, dice la auxiliar.
-Aunque no me crean, yo amo esta maternidad- dijo Faúndes a The Clinic.
El 13, María Elena logró salir recién del Hospital. Cuando regresó una semana mas tarde se enteró que las nuevas autoridades la consideraban persona “no grata”. Por orden militar quedó con detención domiciliaria.
Sólo pudo volver a trabajar en diciembre. Pero todo había cambiado.
-Las autoridades no eran las mismas. Todo estaba vigilado por militares. Mucha gente no volvió. Varios dirigentes del hospital estaban detenidos. El Barros Luco se convirtió en una sombra. Nadie hablaba y ya no se estaban haciendo los abortos. Nunca más vi ´La Máquina´. ¡Vaya usted a saber en manos de quien quedó!”.
La auxiliar Violeta Espíndola cree saberlo:
-Durante mucho tiempo se comentó que ´La Máquina´ se la llevaron a la FACH.