31.3.08

mister berman


Ustedes, señores, ¿creen quizás que estoy loco? Permítanme defenderme. Admito que el hombre es primordialmente un animal creativo, predestinado a luchar conscientemente por un ideal, y predestinado a la ingeniería, esto es, a construir eterna e incesantemente nuevos caminos, dondequiera que conduzcan (...) Al hombre le agrada crear caminos, esto está fuera de duda. Pero... ¿no será quizás... que instintivamente teme alcanzar su ideal y completar el edificio que construye? ¿Cómo saberlo? Quizás sólo le agrade contemplar el edificio a cierta distancia y no de cerca, quizás sólo le agrade construirlo y no desee habitar en él.

Conociendo a la señora Berman

La aparición de Todo lo sólido se desvanece en el aire en 1982 fue un acontecimiento en el campo de las discusiones sobre modernidad. El trabajo de Berman analizaba el estremecimiento revolucionario que el espíritu del modernismo había marcado en la literatura, el arte, la política, el urbanismo y la vida cotidiana. Lo hacía desde el examen de autores clásicos como Dostoievski, Goethe, Marx y Baudelaire, y de espacios como el París del siglo XIX, San Petersburgo o su Bronx natal. El libro produjo debates intensos en Occidente. Cuando se editó en Argentina, en 1988, se abrió rápido paso en la universidad y en la prensa especializada.

Con Berman se cumple la regla del profeta: “Nada pasó aquí al salir el libro. Sólo cuando fue bien acogido en algunos países europeos llegó la onda expansiva. Recién ahí aparecieron las críticas, que para mi fortuna fueron elogiosas, en la prensa de Nueva York. El libro entonces se reeditó y tuvo popularidad. Ocurrieron cosas extrañas como que mi editor me llamara para decirme que estaba al tope de los más vendidos en Brasil. Mi cabeza estalló, nunca imaginé que un libro mío podría ser un best-seller”.
Todo lo sólido... recoge veinte años de lecturas y análisis personales. “Fui afortunado de una forma que no imaginé porque se vinculó mucha gente diversa conmigo. No sé a qué se debe. En una crítica del New York Times, John Leonard escribió que el libro conectaba con emociones profundas del lector. De ser cierto, me sentiría encantado. Una vez una mujer se las arregló para conocerme y me dijo que leyendo el libro se había enamorado de mí. Ahora es mi esposa.

(Por Hernán Lascano :: Revista RADAR :: Página 12)

desconexión


poesía violadora en el puerto insomne
claveles carmesí sobre notas nocturnas
amaneceres ciegos
puntos muertos

mar de fondo

mar de fondo
toca fondo
lava heridas
despega malherida
busca amores
nada encuentra
nubecitas de anís
sábanas y rumores
en los ojos de quién
en las manos de nadie
insensata!




24.3.08

placer de hablar con usted
placer de sentirle su voz tan suave y dispersa
en esa manos silenciosas alcanzas mi verso

23.3.08

menos mal

más menos me duele
más menos me gusta
entonces juego ese más menos
menos mal que estoy jugando y prendo el bien
vaya que bueno que se puede ir ese mal

es más bien





esquivar el mal signo
darle la vuelta a la tuerca
cantar trinando una melodía
iluminarle al alma esos rinconces vagos
soportar un golpe bajo comiendo fresas
marcar la diferencia entre un flehcazo y la locura del amor
y cuando entre esa luz blanquecina
cogerle los cachos con premura y suavidad
sólo así mixtura
cruza el magma sin violencia alguna
traspasando cada fibra otoñal
anulando toda melancolía

seis

en conjunción con el entorno
huelo la herida fresca
sangrante y maloliente
la sano con cristales de una bella noche
el recuerdo de pasiones quietas

cinco

costras más costras menos
el daño nos atraviesa inconscientes
a mojarse el potito entonces!
para que las costras se remojen
y vuelvan lo niños a tomar el tren
viajar hacia la inocencia dichosa
el lugar más resguardado de la inocencia

cuatro

armonía sin descanso
saboreando la crianza malcriada

tres

quemar en el fuego naranja de la purificación
todos tus deseos y demandas

dos

yamil huele el olor a pólvora
acaba de encender estoicamente un fósforo para prender algo de tabaco a esa madre
huele despacito
siente esa crocancia explosiva en esas naricitas
camina tan erguido en este mundo
sonríe como si nunca hubiera llorado

uno

una vez vaciados de tanto ardor
vernos el alma pendeja
jugando en esa arena de placer

20.3.08

demo, jani, pectem, chamelo


Éramos pendex y no teníamos ni una pena. En la plaza Iberia fumábamos nuestros primeros pitos, tomábamos tóxicos copetes en botellas de plástico que arrugábamos para que cundiera el líquido. Jóvenes, vitales, aguerridos. En esta foto, somos los mismos 20 años después.

5.3.08

día gris de marzo en valparaíso quemándose

así fue es como se van los días nobles
antes eran la risa y el alcohol
y esta mañana hiper gris
son la melancolía y la abstinencia
nada más fácil que huir de los dramatismos
de las historias pasadas
aún quiero uno de sus besos
It wears her out, it wears her out
It wears her out, it wears her out

She lives with a broken man
A cracked polystyrene man
Who just crumbles and burns
He used to do surgery
For girls in the eighties
But gravity always wins

It wears her out, it wears her out
It wears her out, it wears her out

She looks like the real thing
She tastes like the real thing
My fake plastic love
But I can't help the feeling
I could blow through the ceiling
If I just turn and run

It wears her out, it wears her out
It wears her out, it wears her out

If I could be who you wanted
If I could be who you wanted all the time

4.3.08

guerra en colombia (por iván quezada)

Ahora que se habla de guerra, recuerdo un pequeño incidente en Colombia. Yo iba en el minibus rumbo al aeropuerto, desde el hotel. Era mi último día en Cartagena y todo había sido tranquilo. ¡Ni un balazo siquiera! Había visto patrullas militares en los barrios pobres, pero sólo una vez. Los policías se notaban más por su corrupción: las calles eran un caos, vereda y carretera, y el único medio de subsistencia era el comercio. Naturalmente, las transnacionales se habían quedado con el gran negocio del turismo y los nativos estaban obligados a "rebuscársela", como ellos decían. Vi unas armas de fuego una vez, en la Ciudad Amurallada: entraron dos "gendarmes" (parecían guardias de seguridad) a un Centro contra el cáncer (o al menos eso leí en el cartel de afuera), desenfundando un revólver y una escopeta relucientes, de color plateado. Desde luego, pensé: "ándate rápido". No supe qué habrá ocurrido, y por la prensa no se dijo nada.
Desde entonces, no dejó de llamarme la atención el regimiento, justo en el centro de la ciudad. Y las loas exageradas y unánimes al gobierno. Incluso en el último momento, arriba de ese minibus, el chofer decía a un grupo de chilenos: "Yo votaría por tercera vez a Uribe, a ojos cerrados. Gracias a Dios, ahora hay trabajo. El país se reactivó y las calles están seguras". Los otros chilenos, con aspecto de patrones de clase media, celebraron sus dichos. "¡Aquí también se puede ganar plata!", les faltó exclamar. Lo siguiente fue predecible: hablaron a sus anchas en contra de Chávez. Con esa gente era inútil discutir. Podría haberles dicho: "En Barranquilla, el taxista me advirtió que no caminara hacia el oeste de la ciudad; era peligroso". Pero no se habrían enterado.

Vi serios a los colombianos, aunque siguen enfiestados como consuelo. No hablaban de nada, ¡nunca hacían la menor crítica! Era como una mala costumbre adquirida a la fuerza. ¿O sólo eran apariencias? La Colombia real subsiste en la miseria y la separación racial no es un invento: los negros viven sin dinero y los mestizos reciben lo mínimo, justo para sobrevivir. El acoso en las playas es fuerte: rondan mujeres masajistas, artesanos, dueños de "carpas" ("sus pertenencias sólo estarán seguras aquí dentro"). También hay vendedores de mariscos que invitan a probar gratis una ostra y después la cobran a precio de oro. "No acepten nada", es la advertencia de conserjes y guías. Pero si el turista va más allá de Bocagrande, el barrio de los hoteles, se enfrenta a los hechos: ya nadie recuerda la libertad.

elqui